miércoles, diciembre 09, 2009

Cuando escucho la palabra cultura, desenfundo mi tolerancia

Por ejemplo, se puede “adoctrinar” sobre la igualdad de los sexos, porque dicho principio forma parte de nuestro canon político.

Pascual González


Sed consecuentes y prohibid la literatura clásica. En Homero, censurad la sujeción de Hera a Zeus, la prostitución moral de Helena, el sacrificio de Ifigenia, el trueque de Briseida, las malas artes de Circe, los engaños de Calipso y las Sirenas, y la abnegada fidelidad de Penélope. Respecto a la homofobia, vais a tener trabajo con Aristófanes, Marcial, Séneca, Suetonio y Tácito.

Es una pena que el canon político case tan mal con el literario.

sábado, diciembre 05, 2009

Camisas rosas

El pensamiento religioso distingue entre lo natural u honesto, lo antinatural o malvado y lo sobrenatural o heroico. Atribuye lo primero a la libertad (consciencia), lo segundo a la corrupción de la misma (inconsciencia) y lo tercero a su restauración mediante la negación de sí (ideal).

La neoizquierda -no fue igual siempre- cree que libertad y naturaleza se oponen. Y lo cree en un doble sentido. Cuando afecta al pasado, desprecia la naturaleza y lo inmola todo a la libertad: rompe prejuicios, tabúes y tradiciones de toda clase. Y cuando concierne al futuro inmediato, hace de la libertad el mayor enemigo del orden y del equilibrio naturales, arremetiendo contra la de mercado (antielitismo) o la de conciencia (imposición de lo políticamente correcto). Así, mientras que el progresismo quiere quemar la historia (crítica) y congelar el presente (ideal), el conservadurismo quiere quemar el presente (crítica) y congelar la historia (ideal).

La neoizquierda, por carecer de referentes, carece de fines. Odia el egoísmo porque es egoísta; detesta las convicciones porque está convencida. Cuando afirma que el mundo es malo, quiere decir "nuestros padres fueron malos" y no "hemos perdido la noción del bien". Toma de la contradicción toda su fuerza, que es en lo esencial retórica. Una ideología que sostiene algo y su contrario y aun así pretende moralizar es una ideología vacía, maquiavélica, fascista.

viernes, noviembre 27, 2009

Pecca fortiter

No dar publicidad a una tropelía no significa no condenarla. Puede mantenerse en secreto por voluntad de las víctimas y en interés de las mismas. El ámbito donde más abusos sexuales se producen es la familia, institución que pocos cuestionan. Con la Iglesia, carroña apetecible, el tema es muy distinto. No se conforma uno con juzgar al individuo, pues alguien habría que atribuyera el crimen a un desorden psicológico, sino que es preciso trazar las líneas de una conspiración maligna. Que el cura, en suma, es malo por ser cura y no por ser marica.

Con todo, hasta el más anticlerical de los escritorzuelos concederá que es mejor violar a un niño que matarlo. Pero quizá no, si es que para el abortista el nasciturus sólo es un ser imaginario, materia prima aristotélica, al que el Sanedrín de fanáticos confiere un alma.

Porque alma, lo que se dice alma, los recién nacidos tampoco es que tengan mucha. Al menos no desde un punto de vista empírico donde se valoren la sensibilidad y la consciencia. Así que, si hay que meterla en caliente, que sea cuanto antes mejor, que luego nos llueven denuncias.

Del falocentrismo al fetocentrismo

Era cuestión de tiempo:

El feto nos ha suplantado y se ha instaurado una especie de fetocentrismo fuera del útero. La embarazada es sólo un espacio vacío que se llena de algo que casi se presenta como ajeno y que la domina, y que se impone a su vida.


Beatriz Gimeno

sábado, noviembre 21, 2009

La sartén al cazo

Si la religión fuera una enfermedad mental, sería el único caso en el que los enfermos son la gran mayoría, y los sanos una ínfima minoría. Bueno, conozco otro: el de la homofobia.

miércoles, octubre 21, 2009

Probablemente

Si sólo se abortara en el Tercer Mundo, o fuera cosa exclusiva de pobres, la izquierda se rasgaría las vestiduras. Y, ahora que lo pienso, si sólo abortaran los ricos sucedería exactamente lo mismo. Hasta puede que ZP inventara un impuesto "ad hoc".

Se apoya el aborto en el Tercer Mundo porque así nos apoyamos a nosotros mismos, clase media occidental, a fin de ser moralmente autárquicos. Pero el aborto es una injusticia, y nace de una injusticia. La izquierda no lo reivindica en su suma de agravios porque es un fenómeno interclasista que no pone en cuestión al capitalismo. De lo contrario, escucharíamos hablar de "la esclavitud de los vientres", "la enajenación de la mujer", "el genocidio silencioso" y semejantes. Marx, aunque fuera malthusiano, sabía que sin prole el proletariado era una abstracción carente de todo contenido. Estas consideraciones importan poco al postsocialismo hedonista en la medida en que han dejado de ser definitorias del segmento de población explotada, como sí siguen siéndolo en cambio el hambre y la discriminación racial.

*

Para un debate extenso (y tenso) en territorio hostil sobre el aborto, pinchad aquí.

viernes, octubre 16, 2009

Aborte y sea feliz

En el siglo II se promulgaron las primeras leyes contra el aborto en Roma. Digesto 47.11.4, según Marciano: Los emperadores Severo y Antonino respondieron que la mujer que abortó, habiendo procurado el aborto, la ha de condenar el presidente a destierro temporal, porque pudo parecer indigno que prive a su marido de que tenga hijos. Y también Digesto 48.8.8, según Ulpiano: Si la mujer se diese golpes violentos en el vientre para abortar, el presidente de la provincia le impondrá pena de destierro. Y en otra parte Paulo: Los que dan bebida para abortar, aunque no lo hagan con dolo, son, sin embargo, por ser de mal ejemplo, condenados a las minas los de baja condición, y relegados a una isla con pérdida de parte de sus bienes los de condición más distinguida. El Digesto es obra de Justiniano, emperador cristiano del Imperio de Oriente.

Decir que la Iglesia no ha considerado hasta fechas recientes el aborto como un homicidio es un dislate. El aborto ha sido reprobado en todas las culturas y en todos los tiempos, pero sólo en la occidental ha logrado desde el siglo XIX una gradual implantación, que alcanzó su punto más alto en la revolución sexual del 68. Desde entonces no ha hecho más que decaer. No ha sido sólo la Iglesia quien lo ha puesto en cuestión, sino gran parte de la sociedad civil. El poder democrático, sin embargo, ha sabido dividirla con los falsos dilemas impuestos por el rodillo parlamentario, representante de intereses creados.

No es una contradicción pedir penas más leves para la madre que para el facultativo, ya en aquélla pueden darse eximentes incompletas y en éste existe el agravante del lucro. Pero, para ser justos, concedo que las madres que fuera de los supuestos de fuerza mayor acceden al aborto no deberían ser exculpadas por completo. Otra cosa es que se opte por una política penal distinta, más popular.

En cualquier caso, la novedad es el aborto, no oponerse a él. Propongo a los contramanifestantes una consigna: "Por el derecho al aborto, contra cinco mil años de incivilización".

jueves, octubre 08, 2009

Breve debate en FB

Why Homosexuality Should Be Banned

Seven impenetrable reasons for making gay-ness illegal.



Andrew Werling
Perfect.

Erin O'Riordan

Can't argue with that logic.

Daniel Kate Vicente
It shouldn't be banned. It just shouldn't be promoted.

Stephen Lovatt

Who wants to promote homosexuality? How would one go about doing so? It should be no more promoted than is heterosexuality.

Daniel Kate Vicente
Well, there are some differences. The first one that pops into my mind is about reproduction.

Aimee Goddard

I was all ready to be angry about this, and then i realised it was all ironic. This is awesome.

Daniel: Reproduction? We have an unsustainable population. There will be a predicted 9billion people on earth in 50 years time. We need to STOP reproducing or we won't be able to sustain ourselves. By your argument, homosexuals are an economic and an environmental necessity.

Daniel Kate Vicente

And I'm sure they help to save water too.

But, all jokes aside, if human life isn't a value in itself for it to be promoted, then I don't see any reason for preferring your life rather than the lives to come.

Eddie Weingart
Daniel: Promoted? How is that accomplished?

Andrew Werling

I think everyone should be as fortunate as I am to have been born gay. I love it, and wouldn't take a "make me straight" pill for anything.

Eddie Weingart

@Andrew I feel the same way about myself being born gay!

Daniel Kate Vicente
There's not a right to be gay, just as there's not a right to be blond. Thus, none of these characteristics should be promoted. But, on the other hand, there is a right to create a family, since it doesn't only benefit society, but it makes it possible.

Andrew Werling
Two problems Daniel: you are presenting a strange comparision "being gay" with "creating a family." They are not mutually exclusive. Secondly, I don't think there should be a right to create a family, as there are HORRIBLE parents out there who should have never had kids.

Daniel Kate Vicente
I think they are mutually exclusive. And so does Aimee, who called gay "an economic and an environmental necessity" for this reason. As for the "horrible parents", I don't see how an exception can invalidate the rule that shows that parents are useful (even bad or unskilled ones, I would add).

Erin O'Riordan
I'd take a nice pair of gay or lesbian parents over a bad pair of straight parents any day of the week!

Eddie Weingart
@Daniel A right? Now you really have me confused.

@Andrew He's trying to make a comparison between being gay and creating a family when there really is none. You are born gay, you don't make that choice. You do however chose to create a family. And of course you're right...there are many, many people who shouldn't have that right!

Emma Jane Robertson
You don't have to be straight to breed and just because you are doesn't mean that you are either fit or inclined to do so.
Gay people have as much right to celebrate themselves and their lives as anyone else.

Eddie Weingart
@Emma AMEN!

Daniel Kate Vicente
Erin: Same sex couples can act like parents. Only a man and a woman can be parents in a biological sense. In case that you consider this an accident of nature (since it could be changed by science in the future), why don't you think that is more likely that the accident consists in being gay?

Andrew Werling
Don't be lazy, Daniel. Two gay people can adopt a kid, raise him or her to be a great adult, and therefore they created a family.

Aimee was talking about reproduction.

Daniel Kate Vicente
They can, but they don't have a right of doing so, as far as they cannot reproduce. This is my point.

Eddie Weingart
@Daniel so the adopted parents of a child from birth are only "acting" like parents?

Andrew Werling
Daniel, I think it would be helpful if you told us how you are defining the word "right" in this context.

Daniel Kate Vicente
Eddie: You might think that parenting is a matter of acting anyways. So, I could act like a father just like I might act as Shakespeare's Henry IV. But, in my opinion, the wish of acting or acting itself don't give you any right of impersonating your role models. Rights come in the first place from nature and, when nature is not enough for reaching certain social ends, from law alone (viz adoption). It means that natural couples always have to be favored.

Andrew Werling
Why do "natural" (I assume you mean "biological couples" when you say "natural") couples have to be favored?

Daniel Kate Vicente
Because rights come primarily from nature. For instance, your right to act free comes from your natural ability to be free. Other animals among us don't have this right, and it is not unfair.

Andrew Werling
Daniel: I think you and I come from very different views of the world.



Stephen Lovatt
Rights do not come from "nature" then come from Justice.

If everyone has a "right" to start a family, what about the right of a gay couple to do so.

How do a pair of infertile breeders have a "right" to start a family when their nature is infertile?

Gayfolk are not opposed to breeding. Many would like to do so, if they were allowed to. Many more would like to adopt, in the same way as "infertile breeders" are allowed and encouraged to.

In the end, inter-personal love (not even romanto-erotic love) is not about reproduction but about mutual valuing and mutual care. It is about friendship or it is about nothing of any importance.

Friendship is the highest and most divine form of love.

Daniel Kate Vicente
Justice is to give to everyone his due, which is determined by nature or, as the classics understood it, by destiny. My destiny is the purpose of my existence and remains somehow beyond my will. By no ways I can decide it, as long as I cannot decide what is fair.

Thus, can the destiny of a same-sex couple consist in starting a family, breeding an offspring, etc.? I don't see how it could possibly be. Law's commitment is to make up for human weakness, presupposing always that human kind has natural ends, as being social and all that it brings. If law forgets about these ends, denies that man has a destiny, that he is a natural being, etc., and becomes just another name for human will, which we know is not always right.

The destiny of an accidentally infertile couple is to have a generation, even if such an end is frustrated (as it could be also in the man that cannot find a suitable woman and vice versa). Every right, then, is a possible destiny favored by the law in order to protect an universal interest. Law can define within certain limits what is good, but cannot define the destiny in itself; it cannot deny universally -or leave unsheltered- the right of naturally fertile couples to procreate, and it cannot support universally the right of naturally infertile couples (i.e., same-sex couples) to have children.

* * *

TRADUCCIÓN

Por qué la homosexualidad debería estar prohibida

Siete razones invencibles para ilegalizar la gay-idad.

(Sigue un vídeo satírico que pretende mostrar hasta qué punto son débiles las objeciones contra la equiparación jurídica de las parejas homosexuales y las heterosexuales).

Andrew Werling
Perfecto.

Erin O'Riordan

Incontestable lógica.

Daniel Kate Vicente
No debería prohibirse. Solamente no debería promoverse.

Stephen Lovatt

¿Quién quiere promover la homosexualidad? ¿De qué modo iba a hacerse algo así? No debe promoverse más que la heterosexualidad.

Daniel Kate Vicente
Bueno, hay algunas diferencias. La primera que se me ocurre concierne a la reproducción.

Aimee Goddard

Estaba a punto de enfadarme por esto, pero me he dado cuenta de que era una ironía. Increíble.

Daniel: ¿Reproducción? Tenemos una población que no es sostenible. Se estima que habrá 9 mil millones de personas en la Tierra en un plazo de 50 años. Necesitamos PARAR de reproducirnos o no lograremos mantenernos. En base a tu argumento, los homosexuales son una necesidad económica y medioambiental.

Daniel Kate Vicente

Y estoy convencido de que también ayudan a ahorrar agua.

Pero, bromas al margen, si la vida humana no es un valor en sí como para ser promovido, entonces no veo razón alguna para preferir tu vida a las vidas por venir.

Eddie Weingart
Daniel: ¿Promovido? ¿Cómo se iba a lograr tal cosa?

Andrew Werling

Ojalá todos fueran tan afortunados como yo lo soy por haber nacido gay. Me encanta, y no tomaría una píldora "hazme hétero" por nada en el mundo.

Eddie Weingart

@Andrew ¡Me siento igual que tú respecto a haber nacido gay!

Daniel Kate Vicente
No existe un derecho a ser gay, del mismo modo que no existe un derecho a ser rubio. Así, ninguna de estas características debería promoverse. Pero, por otro lado, existe el derecho a crear una familia, ya que ello no sólo beneficia a la sociedad, sino que la hace posible.

Andrew Werling
Dos problemas, Daniel: presentas una extraña comparación, "ser gay" y "crear una familia". No son mutuamente excluyentes. En segundo lugar, no creo que deba existir un derecho a crear una familia, puesto que hay padres HORROROSOS por ahí que jamás deberían haber tenido hijos.

Daniel Kate Vicente
Creo que sí son mutuamente excluyentes. Y así lo cree también Aimee, que se ha referido a los gays como "una necesidad económica y medioambiental" por esta razón. En lo que respecta a los padres "horrorosos", no veo cómo una excepción puede invalidar la regla que nos indica que los padres son útiles (incluso los malos o incapaces, añadiría).

Erin O'Riordan
¡Podría encontrar a diario a un par decente de padres gays o lesbianas por cada par de padres heterosexuales!

Eddie Weingart
@Daniel: ¿Un derecho? Ahora me has confundido de veras.

@Andrew: Está intentando establecer una comparación entre ser gay y crear una familia cuando en realidad no la hay. Naces gay, no eliges esa opción. Sin embargo, sí eliges crear una familia. Y por supuesto estás en lo cierto... ¡hay mucha, mucha gente que no debería tener ese derecho!

Emma Jane Robertson
No tienes que ser heterosexual para criar niños, y del hecho de no serlo no se sigue que no estés capacitado o inclinado a hacerlo.

Los gays tienen tanto derecho a enorgullecerse de sus vidas como cualquier otro.

Eddie Weingart
@Emma: ¡AMÉN!

Daniel Kate Vicente
Erin: Las parejas del mismo sexo pueden asumir el papel de padres. Sólo un hombre y una mujer pueden ser padres en un sentido biológico. En caso de que consideres que esto es un accidente de la naturaleza (en tanto que podría ser cambiado por la ciencia en un futuro), ¿por qué no piensas que es más probable que el accidente consista en ser gay?

Andrew Werling
No seas perezoso, Daniel. Dos gays pueden adoptar un niño, criarlo o criarla para ser un adulto estupendo, y en consecuencia habrán creado una familia.

Aimee estaba hablando de la reproducción.

Daniel Kate Vicente
Pueden, pero no tienen derecho a ello, ya que no está en su mano reproducirse. Ésta es la cuestión.

Eddie Weingart
@Daniel ¿De modo que los padres adoptivos de un niño desde su nacimiento están sólo "asumiendo el papel" de padres?

Andrew Werling
Daniel, creo que sería de ayuda que nos explicaras cómo defines el término "derecho" en este contexto.

Daniel Kate Vicente
Eddie: Puede que creas que ser padre es una cuestión de asumir roles en cualquier caso. Así, podría hacer de padre de la misma manera que puedo hacer de Enrique IV en la obra de Shakespeare. Pero, en mi opinión, el deseo de actuar o el actuar mismo no te dan derecho a hacerte pasar por tus personajes. Los derechos proceden en primer lugar de la naturaleza y, cuando la naturaleza no basta para alcanzar ciertos fines sociales, de la sola ley (verbigracia, en la adopción). Lo cual significa que las parejas naturales deben ser preferidas siempre.

Andrew Werling
¿Por qué las parejas "naturales" (asumo que quieres decir "parejas biológicas" cuando dices "naturales") tienen que ser preferidas?

Daniel Kate Vicente
Porque los derechos proceden primariamente de la naturaleza. Por ejemplo, tu derecho a obrar libremente procede de tu facultad natural de ser libre. Otros animales entre nosotros no poseen este derecho, sin que ello sea injusto.

Andrew Werling
Daniel: Creo que tenemos visiones del mundo muy distintas.

Stephen Lovatt
Los derechos no proceden de la "naturaleza", sino de la Justicia.

Si todos tienen un "derecho" a crear una familia, ¿qué sucede con el derecho de una pareja gay de hacerlo?

¿Cómo un par de padres estériles va a tener el "derecho" de crear una familia si es estéril su naturaleza?

Los gays no se oponen a la crianza de niños. A muchos les gustaría llevarla a cabo, si se les permitiera. Muchos más querrían adoptar, de idéntico modo a como a los "padres estériles" se les permite y recomienda.

Al cabo, el amor interpersonal (no ya el romántico-erótico) no versa sobre la reproducción, sino sobre el mutuo aprecio y cariño. Concierne a la amistad o no concierne a nada importante en absoluto.

La amistad es la más elevada y más divina forma de amar.

Daniel Kate Vicente
Justicia es dar a cada cual lo suyo, lo que es determinado por la naturaleza o, como entendieron los clásicos, por el destino. Mi destino es el sentido de mi existencia y permanece en cierto modo más allá de mi voluntad. De ninguna manera puedo decidirlo, así como no puedo decidir qué es justo.

Luego, ¿puede que el destino de una pareja del mismo sexo consista en crear una familia, criar una descendencia, etc.? No veo cómo podría darse tal. El propósito de la ley es corregir la debilidad humana, siempre desde el presupuesto según el cual nuestra especie posee fines naturales, como ser sociable y todo lo que conlleva. Si la ley olvida estos fines, niega que el hombre posea un destino, que sea un ser natural, etc., y deviene sólo otro nombre para la humana voluntad, de la que sabemos que no siempre atina.

El destino de una pareja accidentalmente estéril es tener una prole, aun si dicho fin se frustra (como podría frustrarse también en un hombre que no encontrase a la mujer adecuada, y viceversa). Todo derecho, entonces, es un destino posible favorecido por la ley con tal de proteger un interés universal. La ley puede definir dentro de ciertos límites qué es bueno, pero no puede definir el destino en sí; no puede negar o dejar desprotegido universalmente el derecho a procrear de las parejas naturalmente fértiles, y no puede respaldar universalmente el derecho de las parejas naturalmente infértiles (esto es, las parejas del mismo sexo) a tener hijos.

miércoles, octubre 07, 2009

Etnomaníacos

No parece mediar un gran trecho de la aceptación metodológica de la selección natural a la aceptación ética de la selección artificial, que es, no lo olvidemos, uno de los objetivos más codiciados del racismo. Crear a un nuevo hombre sobre montones de cadáveres anónimos. Suena muy nietzscheano y épico, pero sólo exige algo de planificación familiar. En democracia la Gran Salud está al alcance de todos.

viernes, octubre 02, 2009

Utilitarismo

La contradicción de una ideología que busca la máxima felicidad para el mayor número de hombres, pero procura que nazcan los menos posibles y elimina a quienes escapen a dicha planificación.

martes, septiembre 22, 2009

Prejuicios populares




Yendo más allá, Santo Tomás admitió en la Summa Theologica que la homosexualidad para ciertos individuos era absolutamente natural, y por lo tanto no podía ser culpada. ¿En qué sentido, entonces, podría ser antinatural? En un tercer pasaje concede que el término “natural” no tiene significación moral, sino que es simplemente un término que se aplica a lo que desaprueba enérgicamente. “La homosexualidad”, dice, “es llamada ‘el vicio antinatural’ por la gente común, y por ello puede decirse que es antinatural”. No fue una invención de Santo Tomás. Fue una respuesta a los prejuicios populares de su tiempo. No derivaba su autoridad de la Biblia o de ninguna tradición previa de la moralidad cristiana, sino que eventualmente llegó a ser parte del pensamiento teológico cristiano.


John Boswell (sin referencias para sus citas, curiosamente).


* * *

Artículo 4: ¿Es el pecado de intemperancia el más vituperable?

Objeciones por las que parece que el pecado de intemperancia no es el más vituperable.


1. Así como la alabanza debe acompañar a la virtud, así también el reproche debe acompañar al pecado. Ahora bien: algunos pecados son más vituperables que la intemperancia, como el homicidio y la blasfemia. Por tanto, el pecado de intemperancia no es el más vituperable.

2. Parece que los pecados más comunes son menos vituperables, porque los hombres se avergüenzan de ellos menos. Pero los pecados de intemperancia son muy comunes, ya que tratan de una materia de uso muy común en la vida humana y en la cual peca la mayoría de los hombres. Luego los pecados de intemperancia no parece que sean los más vituperables.

3. Dice el Filósofo, en VII Ethic., que la templanza y la intemperancia tienen por objeto los deseos y los placeres humanos. Ahora bien: hay algunos deseos y placeres más vergonzosos que los deseos y los placeres humanos y que se llaman bestiales y morbosos, como dice el Filósofo en el mismo libro. Por consiguiente, la intemperancia no es el pecado más vituperable.

Contra esto: está el hecho de que según el Filósofo, en III Ethic., la intemperancia parece vituperable con justicia entre los demás vicios.

Respondo: Parece que el vituperio se opone al honor y a la gloria. Ahora bien: el honor se debe a la excelencia, tal como dijimos antes (q.102 a.2; q.103 a.1), mientras que la gloria lleva consigo cierto brillo. De ahí que la intemperancia sea el vicio más vituperable por un doble motivo. En primer lugar, porque es sumamente opuesta a la excelencia humana, puesto que su objeto está constituido por placeres comunes al hombre y a los animales, tal como ya dijimos antes (q.141 a.2 ad 3; a.7 obj.1; a.8 ad 1). De ahí que, como dice el salmo (Sal 48,21), el hombre, aun puesto en suma dignidad, no comprendió; se juntó con los animales necios y se hizo semejante a ellos. En segundo lugar, porque es lo más opuesto al brillo y a la belleza del hombre, en cuanto que en los placeres sobre los que versa la intemperancia es donde más falta la luz de la razón, de la cual se deriva el esplendor y la belleza de la virtud. De ahí que estos placeres se llamen serviles por antonomasia.

A las objeciones:


1. Según San Gregorio, los vicios carnales comprendidos bajo la intemperancia, aunque son menos graves, llevan consigo una infamia mayor. En efecto, la magnitud de la culpa se mide por la desviación del fin, y la infamia está relacionada con la torpeza, que se mide principalmente por la deshonra del pecador.

2. El hecho de pecar habitualmente disminuye la torpeza y la infamia según la opinión de los hombres, pero no según la naturaleza misma de los pecados.

3. Cuando decimos que la intemperancia es más vituperable, debe entenderse entre los vicios humanos, los cuales se consideran por relación con las pasiones conformes, en cierta medida, con la naturaleza humana. Pero los vicios que se apartan de esa medida de la naturaleza humana son más vituperables. Sin embargo, parece que aun éstos pueden reducirse a la intemperancia por exceso. Tal sería el caso de quien encontrara placer en comer carne humana o en el coito con los animales o con personas del mismo sexo.


Santo Tomás de Aquino (ST, II-II, q. 142, a. 4), ad fontes.

domingo, agosto 02, 2009

Adopción gay

La adopción ha de imitar en la medida de lo posible la filiación natural. No es concebible, por ejemplo, que el hijo sea mayor que el padre, o que haya dos padres y ninguna madre. Es burlarse de la institución y vulnerar los derechos del niño.

Resulta, además, abusivamente absurdo, como si el hidrófobo reclamase el derecho al baño. El problema no está en el agua, sino en la rabia. Así, los niños no necesitaban esta reforma para ser adoptados; la necesitaban los gays para ser aceptados. Es contradictorio que la misma ideología que reclama su emancipación frente a la naturaleza quiera ahora secuestrarla mediante imposturas jurídicas.

Redefinir un derecho es negarlo. Hay una inmensa diferencia entre aumentar el número de beneficiarios de una prerrogativa (dándoles carta de ciudadanía, etc.) y "ampliarla" para que dé cabida a quien libremente incumple los presupuestos de hecho que hasta entonces se contemplaban como requisitos.

El derecho para vosotros es plasmación de la voluntad política antes que instrumento de cooperación social. Ahora bien, cuanto más lejos de su finalidad original está una institución, más superflua y decorativa resulta, como sucede con la monarquía constitucional, en la que el adjetivo devora al sustantivo en lugar de complementarlo.

Tal vez se esté actuando a ciegas y sin una voluntad deliberada de debilitarnos, aunque lo dudo. Medidas como ésta forman parte de un desmantelamiento paulatino de los pilares de la civilización, que empieza en la familia. La propia sociedad, suma de familias, sostiene que la familia es cualquier cosa; lo cual equivale a decir que la sociedad es cualquier cosa. Es también un insulto a la infancia y un atentado contra la inocencia.

Un derecho de límites tan difusos, más interesado en la excepción que en la regla, y más presto a adaptarse a la realidad que a organizarla según los compromisos iniciales adquiridos, es una mera libertad pronunciada con la boca grande. Libertad en el sentido más bajo del término, el de licencia. Ser libre para emborracharte no convierte el alcoholismo en un marco jurídico. No debería.

sábado, julio 11, 2009

Concedo

Society is nothing but an aggregate of families. Those models of so-called families that work against the perpetuation of society, like gay couples and such, are cancerous cells to our civilization and unworthy individuals lacking the basic generosity that every other animal has towards its kind. Gays spread sicknesses, extend moral relativism and turn intimate matters into political ones, mixing in a sentimental demagogy public and private interests.

It's not only that gays don't deserve any privilege or positive discrimination, but also that they have to be set apart and treated as a barbarian movement, since it exalts stray instincts, regards pleasure as an almost unlimited affirmation of the will and, finally, promotes self-destruction of the species through self-denial of sexual characters.


Alexis del Valle

viernes, junio 19, 2009

Como sea

Si no eres capaz de definir la moral en términos vinculantes y universales, ¿cómo vas a extenderla?

lunes, junio 15, 2009

Magro consuelo


La homosexualidad tiene una leve función biológica puesto que la naturaleza nada hace en vano, ni siquiera sus monstruos. O lo que es decir lo mismo: no hay mal que por bien no venga.

Sin embargo, Shaftesbury argumenta que todo ser que no constituya una singularidad pertenece a un sistema, ya sea el de su propia raza, ya el de otras (ecosistema). De donde infiere que la criatura que a nada sirva más que a sí misma jamás podrá ser considerada buena en un sentido objetivo, en tanto que egoísta y vana. El egoísmo, en suma, sólo podrá justificarse por los fines de la especie, pues en ella se dan también las condiciones de su realización.

El alegato de que las relaciones homosexuales crean vínculos de solidaridad fue esgrimido por Sade. Respondo al mismo: tal vez sea así respecto a un grupúsculo, pero no en relación a toda la comunidad.

El resto de puntos que pueda alegar un naturalista, meras hipótesis y excepciones, no merece mucho comentario. No se prueba ni ha de presuponerse que las relaciones homosexuales reduzcan la conflictividad. Se hace difícil dudar, no obstante, que una pulsión así sea completamente superflua, cuando no perjudicial, para todas las demás funciones éticas.

domingo, junio 14, 2009

Sobre el derecho inalienable de los homosexuales a contraer nupcias



En primer lugar, pues, cabe observar que si se da una afección hacia alguna cosa, la cual se considera un bien privado, pero resulta no serlo real sino imaginariamente y no ser, en manera alguna, esencial para el interés o la felicidad de la criatura; semejante afección, como superflua que es y desvirtuadora de otras afecciones indispensables y buenas, será viciosa y mala en sí misma, incluso respecto al interés o felicidad privada de la criatura.

(...)

Por otra parte, si esa afección por el bien privado o propio, por más egoísta que se la pueda estimar, no solamente es en realidad compatible con el bien público, sino que contribuye a él en alguna medida; si es tal, como quizás, debiera ser la participación de todo individuo en el bien de la especie en general; entonces, bien lejos de ser mala o reprobable en todo sentido, habría que reconocer que tal afección es absolutamente necesaria para hacer buena a una criatura. Pues si la falta de tal afección, como la del instinto de conservación, resulta perjudicial para la especie, la criatura es mala y es no natural por tal defecto, como lo es por la falta de cualquier otra afección natural. Nadie dudaría en conceder eso si viera a un hombre incapaz de advertir los precipicios que se interponen en su camino, así como de distinguir nada tocante a los alimentos, dietas, vestidos u otras cosas cualesquiera, relativas a su salud y a su vida. Lo mismo habría que declarar de quien tiene una disposición contraria al comercio con el sexo femenino y que en consecuencia lo incapacita por maldad de índole (y no sólo por un defecto de constitución) para la propagación de su especie o grupo.


Shaftesbury

viernes, junio 05, 2009

Ni libres ni iguales

Si estamos genéticamente determinados en cuanto a tendencias y apetencias, ¿por qué la práctica de la homosexualidad se suele plantear en términos de libertad sexual? Ahora bien, si es la identidad y el nacimiento lo que se defiende, ¿es el gay algo más que un chovinista? Por último, si sólo en virtud de la igualdad tal reivindicación cobra sentido, ¿se está afirmando que aquélla consiste y se asienta en los rasgos secundarios que definen a las minorías y no en lo transversal presente en la humanidad toda?

Además, ¿con qué argumentos se presupone que un homosexual se engaña más respecto a su sanación que cualquier otro respecto a su salud? No hay ninguna diferencia entre estar mentalmente enfermo y estar gravemente equivocado; y no hay equivocaciones innatas. Cuando Lamas llama fascista a Esparza lo está llamando enfermo; es decir, no sólo peligroso para la sociedad (criminal), sino también para sí mismo (imbécil).

Luego la tolerancia no radica en la libertad, ni ésta en el no dañar, sino en no dañarse, esto es, en la salud, que no es otra cosa que la autocontención frente lo antisocial y lo absurdo. La civilización tiene un precio: Mantener las promesas, saludar al entrar en los sitios y no escupir semen en el culo de tu amigo.

domingo, mayo 10, 2009

Habla un ateo, un ilustrado


Para descubrir los deberes del hombre en cada estado de la vida, basta tan sólo examinar el fin que se propone en el estado que ha elegido.

El matrimonio es una sociedad del hombre y la mujer, en la cual los esposos tienen por fin único y objeto principalísimo gozar legítimamente de los placeres del amor, de los cuales deben resultar otras criaturas como ellos, que sean útiles a los padres de quienes han recibido el ser, y capaces de reemplazarlos en la sociedad algún día.

(...)

Los que tanto nos ensalzan la inocencia y la felicidad de la vida de los salvajes, no tienen más que leer las relaciones de los viajeros para convencerse de que sus costumbres, muy lejos de ser envidiables, son odiosas e irritantes para toda alma sensible. Los salvajes, entre otras cosas, tratan a sus mujeres con una crueldad y una tiranía que horrorizan, condenando a estas infelices a los trabajos más penosos, mientras que ellos viven entregados a la mayor indolencia.

(...)

Todo demuestra al hombre que una mujer, con la que se uniese solamente por el vínculo del placer, no le tendría un firme apego y podría igualmente entregarse a los deseos de los que la solicitasen para lo mismo que él la quiere, y que arrastrada del deleite y de la sensualidad no se encargaría del penoso cuidado de criar a unos hijos cuya suerte le interesaría poco o nada.

(...)

Diremos que los pueblos donde la corrupción epidémica califica a la galantería, el adulterio y la desenvoltura de cosas indiferentes o de simples bagatelas, no tienen la menor idea de la santidad del matrimonio. Diremos, en fin, que los legisladores y los mentidos sabios que han autorizado la poligamia, la prostitución, la comunidad de las mujeres, han sido unos insensatos, que no han considerado que sus instituciones destruían la felicidad de las familias y perjudicaban a la sociedad en general.

(...)

Efectivamente, por más que se ofenda el divino Platón, las mujeres comunes a todos no serían verdaderamente apreciadas ni queridas de nadie; además de que tampoco serían ni mujeres cariñosas y aficionadas, ni madres cuidadosas y tiernas; serían unas viles prostitutas y nada más.

En fin, todo nos convence que un amor sin freno ni medida sería un desorden fatal que trastornaría las bases en que la sociedad se funda para su marcha hacia el progreso.


Barón d'Holbach

viernes, mayo 08, 2009

Madre de la matria


It is a vicious cycle; ignorance breeds poverty and poverty breeds ignorance. There is only one cure for both, and that is to stop breeding these things. Stop bringing to birth children whose inheritance cannot be one of health or intelligence. Stop bringing into the world children whose parents cannot provide for them. Herein lies the key of civilization. For upon the foundation of an enlightened and voluntary motherhood shall a future civilization emerge.


Margaret Sanger

Hipatio




Hay casos documentados de violencia antipagana en el Bajo Imperio, donde son funcionarios celosos de su poder y no obispos quienes la ordenan. Amenábar ha escogido el más oscuro de estos relatos no por su veracidad histórica, sino por su ejemplaridad feminista y anticristiana.

Amenábar es gay, y desde la doble perspectiva de militante político y paranoico sexual hay que juzgar su histérico maniqueísmo contra la Iglesia (esto no es un "ad hominem", es una obviedad).

El mensaje de la película "Ágora" es tan tosco como efectivo: "Cristianos, vosotros también fuisteis terroristas" (prius in tempore, major in culpa, podríamos decir); o "de aquellos cristianos, estos musulmanes". Se necesita atacar al fanatismo islámico "interpósita persona", ya que hacerlo directamente reportaría abucheos y fatwas al unísono.

Ahora bien, si sabemos algo de Hipatia es gracias a la historiografía eclesiástica, que divulgó al tiempo que censuró su asesinato, de otro modo desconocido para las generaciones posteriores. La hegemonía cristiana, además, no fue causa del declive de la cultura helénica, sino todo lo contrario, asegurando su supervivencia tras las invasiones bárbaras.

En fin, la estúpida contraposición de lo europeo y lo asiático como polos irreconciliables, por más que Europa sea una singularidad en muchos aspectos, es fruto de una ideología racista y falsamente elitista. Absurdamente, la misma que luego llama a la igualdad y al mestizaje.

domingo, abril 26, 2009

La banalidad del mal


Dios es infinito, y el demonio es limitado; el bien puede ir y va al infinito, mientras que el mal tiene sus límites.


Leibniz

lunes, abril 13, 2009

Contra el narcisismo electivo

La institución de la familia merece alabanza precisamente por las mismas razones que la institución de la nación, o la institución de la ciudad, merecen alabanza en ese aspecto. Es bueno para un hombre vivir en una familia en el mismo sentido en que es bello y maravilloso para un hombre quedar bloqueado en una calle por causa de la nieve. Esas cosas lo obligan a comprender que la vida no es una cosa que viene de fuera, sino una cosa que viene de dentro. Y por encima de todo, esas cosas insisten en el hecho de que la vida, si es una vida verdaderamente estimulante y fascinante, es algo que, por su naturaleza, existe a pesar de nosotros.

(…)

Todos aquellos que, con justicia o por error, quieren salir de todo eso, en definitiva quieren salir hacia un mundo más pequeño. Están desanimados y aterrorizados por la grandeza y la variedad de la familia.

(…)

Ése es, de hecho, el “romance” sublime y especial de la familia. Es romántica porque es un albur. Es romántica porque es todo lo que dicen sus enemigos. Es romántica porque es arbitraria. Es romántica porque está ahí. Mientras se trata de grupos de hombres elegidos racionalmente, siempre hay alguna atmósfera especial o sectaria. Es cuando hay grupos de hombres elegidos de forma irracional que hay hombres. Empieza a existir el elemento de aventura; porque una aventura, por su naturaleza, es algo que nos llega. Es una cosa que nos elige a nosotros, no algo que nosotros elegimos. Con frecuencia se ha dicho que enamorarse es la suprema aventura, el supremo accidente romántico. Eso es muy cierto en la medida en que en ello hay algo exterior a nosotros, algo como una especie de alegre fatalismo. El amor nos atrapa, nos transfigura y nos tortura. Nos desgarra el corazón una belleza intolerable, como la intolerable belleza de la música. Pero en la medida en que nosotros ciertamente sí tenemos algo que ver con el asunto; en la medida en que estamos en cierto sentido dispuestos a enamorarnos y en cierto sentido nos lanzamos a ello; en la medida en la que hasta cierto punto elegimos y hasta cierto punto incluso juzgamos, en todo eso enamorarse no es verdaderamente romántico, no es verdaderamente romántico en absoluto. En ese sentido, la suprema aventura no es enamorarse: la suprema aventura es nacer.


Chesterton

domingo, abril 05, 2009

Nihil

El asesinato es una autojustificación del criminal; a través de ella busca probarse a sí mismo que nada existe.

*

Al criminal le resulta muy agradable que haya muchos criminales presentes. Pues él busca el cómplice, no puede necesitar juez alguno; quiere apartar del mundo al juez y lo bueno, y conferir realidad sólo a la nada. Por eso se siente libre y exonerado de contradicción si el otro también es como él.


Weininger

lunes, marzo 30, 2009

Diógenes buscaba al hombre con un farol, vosotros con tijeras y catéter

Esto es lógica aplicada, de la Sorbona por lo menos:

"De un cigoto pueden surgir dos, ergo el cigoto es dos."

Así razona quien momentos antes hacía chistes sobre bellotas y vagas potencialidades.

Y también:

"Hay que esperar unas horas para que la fecundación sea efectiva, ergo... es legítimo abortar a las 12 semanas."

Pero lo más gracioso es cuando os ponéis pragmáticos. Hartos de discutir si el aborto es un homicidio o no, resolvéis que, sea lo que sea, mejor si está bien hecho. Cuando lo que se os discute, inanes, es que nada malo de base puede tener una aplicación buena.

Ser inmoral y cretino es todo uno en estos temas. El cinismo idiotiza, porque busca excepciones a todo y convierte la conducta en algo irregular, arbitrario, irresponsable e imbécil.

Empáticos anónimos-II

Judas olvidó decir algo.

Existe sobrada evidencia científica de que en la fecundación aparece una célula cuya carga genética corresponde a un ser humano, que en determinadas condiciones dará lugar a una persona, y que está viva.


Si son determinadas, determínalas tú y dinos cuándo aparece la persona. De lo contrario, nobleza obliga, debes callar.


En fechas recientes, dos mujeres que conozco han sufrido abortos naturales, y en un estado de gestación ligeramente avanzado en un caso. Por desgracia, también he abrazado a una madre que acaba de perder a una hija. Que intenten hacerme ver que ambas cosas son equiparables.


Qué divertido. Te has cansado de invocar a la ciencia para, a la primera de cambio, salir con un argumento folklórico, de sentimiento popular. Pero es un juego de niños encontrar contraejemplos. Así, nadie llama a su embrión "mi embrión", sino "mi hijo". ¿O las mujeres que conoces esperan un acto extraordinario, más allá de ser fecundadas, para considerarse madres del ser que llevan en su sí? ¿Qué ha de tener un ser vivo para ser "persona"? ¿Forma "humana"? ¿proyectos vitales? ¿tejidos y novedades? ¿duende?

Sabe Dios lo que se os ha perdido en este berenjenal. En lugar de partir de realidades materiales, andáis en búsqueda del "cogito" cartesiano, en todo lo demás tan denostado por vosotros. ¡Y somos nosotros, que subrayamos la unidad de la máquina, quienes inventamos fantasmas!

sábado, marzo 28, 2009

Politólogos

Estas prospecciones demoscópicas y las sinuosas estratagemas de partido a las que favorecen son a la política y a la ética lo que las argucias y los fraudes al derecho. Sois técnicos de marketing en lugar de hombres de Estado, y dais asco verdaderamente.

Empáticos anónimos-I

Habla Judas (nunca mejor dicho):

Sí, casi todos sentimos un natural rechazo a la violencia contra nuestros allegados, pero este sentimiento se devalúa gradualmente según la distancia que mantengamos con el agredido. Hasta la indiferencia de miles de muertes. Eso también forma parte de nuestro sustrato: somos empáticos, pero de manera grupal.


La noción de lo justo y los sentimientos que la acompañan puede aprenderse en sociedad, pero ambos son independientes de ésta (Antígona). Es probable que tu escasa fe en la libertad humana te impida ver este hecho evidente. Ahora bien, te recuerdo que líneas más arriba escribías:

A la manera de los resúmenes de Mandamientos que suele enseñarse en catequesis, todos los principios de convivencia que marca esa Declaración pueden reducirse al respeto a las personas y a sus bienes y el derecho a optar a una vida en condiciones aceptables. No hay dios que nos ordene obrar así: es nuestro imperativo categórico.


Pregunto: ¿Puede el imperativo categórico basarse en variables relativas como “la empatía” y “la distancia que mantengamos con el agredido”?

En fin, al cabo de muchas vueltas sin propósito vienes a dar con este argumento:

Son nuestros sentidos los que nos hacen conferir derechos y deberes a las personas y objetos que percibimos, porque un derecho sin reconocimiento implícito de los demás es sólo un principio violable. Y un embrión no es susceptible de ser sentido, ni de sentir.


Cualquiera diría que el embrión es lo más parecido a un ectoplasma insensible, de dimensiones imaginarias y actividades meramente supuestas.

El derecho, por lo demás, es un reconocimiento de la especie para la especie, lo que constituye la civilización. No del individuo para el individuo, pues esto es el comercio. La bancarrota moral del liberalismo pasa por la confusión de los dos ámbitos.

Sea como fuere, si tan seguro estás de tus principios sensitivistas, resuelve si un apopléjico en una isla desierta, que ni siente ni es sentido, no merece ser rescatado. Pero distas mucho de estarlo, y temes que la fuerza de la conclusión anterior sea ilusoria, como en realidad es. Por ello prefieres cortar el nudo gordiano desde un grosero pragmatismo:

Entiendo que una restricción total del aborto, de acuerdo a los principios y sus derivadas, sólo provoca clandestinidad, escasez de salubridad y peligro sanitario porque, repito, el hecho es que el aborto se practica. Podemos intentar hacer cambiar de opinión a la mayor parte de la población, o podemos intentar minimizar los daños.


Sin embargo, la premisa es falsa y, por tanto, también la conclusión. Huelga decir que, de opinar otra cosa, el “onus probandi” te corresponde a ti.

Termino estos debates embargado por una imprecisa melancolía. Por un lado me gustaría que hubiera un número significativo de ateos que se manifestase claramente en contra del aborto. Pero por el otro descubro que eso me iba a obligar a reconsiderar algunas tesis sobre la moral y su sujeción a lo intangible.

No hay sofista bueno. Un ateo no puede obedecer la voz interior que clama justicia más que cuando ésta le acomoda. Ajena a nuestra voluntad e impertinente con sus reclamos, se parece demasiado a Dios. Quien no cree tiene siempre una consciencia a plazos.

viernes, marzo 27, 2009

Filólogos tiene la Iglesia

La postura abortista es ideológica en el sentido fuerte, más que pragmática y desapasionada. Procediendo de la filosofía utilitarista, nada resulta menos útil para la humanidad que la prerrogativa contra sí misma que defienden con fervor religioso estos cínicos alfeñiques. Y no hay que esperar coherencia de sus voluntariosos actos de fe. Quienes se niegan a llamar al embrión persona son los mismos que otorgaron a las parejas homosexuales, como sinónimo de padres, el nombre de progenitores.

miércoles, marzo 25, 2009

Mentiras y gomas


La naturaleza humana es en el individuo un pozo de miseria y contradicción, amén de una expresión vacua que nada muestra ni demuestra. ¿Con qué autoridad o propósito se la invoca?

Por cierto, ¿no es el condón un arma ideológica y por tanto idiota? El colmo de la ceguera es afirmar que si el preservativo falla no es culpa del sistema de prevención, sino del usuario. ¡Como si el primero no comprendiese al segundo!

lunes, marzo 23, 2009

Homófobo quien se ría

domingo, marzo 22, 2009

Abortos veniales



(...) El día pasado estuve en un convento de estos derviches, y me recibió con mucho agasajo uno de ellos, venerable por sus canas. Enseñóme toda la casa; fuimos a la huerta y empezamos a razonar. "Padre -le dije-, ¿qué cargo tiene usted en su comunidad?". "Caballero -me respondió muy satisfecho de mi pregunta-, soy casuista". "¡Casuista! -repliqué-, desde que estoy en Francia no he oído mentar semejante cargo". ¿Conque no sabe usted qué es un casuista? Pues escúcheme, que yo se lo explicaré de manera que no le quede nada que desear. Dos especies hay de pecados: los mortales, que absolutamente excluyen de la bienaventuranza, y los veniales, que a la verdad ofenden a Dios, pero no le enojan tanto que nos prive por ellos de la gloria. Todo nuestro arte se cifra en distinguir bien estas dos especies de pecados; porque, como no sea un puñado de libertinos, todos los cristianos quieren ir al Cielo, pero cada uno quiere seguir el camino más cómodo posible. El que conoce bien los pecados mortales procura no cometer éstos, y hace su negocio, porque pocos aspiran a la suma perfección, y no siendo ambiciosos no se curan de los primeros puestos: de modo que entran en el Cielo por un sí es no es, pero con eso tienen bastante, que su fin es no hacer una pizca más ni menos: hombres que más bien roban la bienaventuranza que la ganan, y que dicen a Dios: "Señor, yo he cumplido con vuestros preceptos con rigor, conque vos no podéis negaros a cumplir vuestras promesas; y como no he hecho más de lo que me habéis pedido, os dispenso de que me déis más de lo que habéis prometido." De suerte, caballero, que somos hombres indispensables. Y no para aquí; verá usted ahora otra cosa mejor. La acción no constituye el pecado, sino el conocimiento de quien la comete; el que obra mal, mientras puede creer que no hace cosa mala, tiene la conciencia serena, y habiendo infinidad de acciones equívocas, puede un casuista comunicarles un grado de bondad que en sí no tienen, si las califica de buenas y llegando a persuadir que no tienen ponzoña, se la quita toda entera. Digo a usted el secreto de un oficio en que me han nacido canas, y le doy a conocer todas sus sutilezas; a todo se le puede dar vislumbre de bueno, hasta a lo que menos apariencia de serlo tiene".

"Padre -le dije-, todo eso es excelente, ¿pero cómo se aviene usted con el Cielo? Si hubiera en la corte del sofí uno que se portara con él como usted se porta con su Dios, que señalase diferencias entre sus órdenes, que enseñase a sus vasallos en qué casos las deben cumplir y en cuáles las pueden violar, le haría empalar en el acto". Hice entonces una cortesía a mi derviche, y le dejé sin esperar respuesta.


Montesquieu. Cartas persas.

jueves, marzo 12, 2009

Sabia naturaleza



El relativista legal y el determinista biológico aúnan su absurdo en la ideología feminista. Abortar se ha asociado siempre al salvajismo, a la máxima degradación, al más infame de los castigos: impedir la descendencia. Que lo planteemos como una forma de expresión de la dignidad humana (un derecho o libertad) demuestra lo bajo que hemos caído y hasta qué punto nuestro lenguaje se ha infectado de hipocresía. Ahora bien, siendo esta ley una injusticia enorme, va a contribuir en no pequeña medida a destruirnos; lo cual es justo, puesto que lo hemos tolerado. Valga como cortapisa para el mal su propia estupidez.

miércoles, marzo 11, 2009

Eva

Cuando en el Génesis se escribe que la mujer es respecto al hombre "carne de su carne" -y luego "una sola carne"- se está refiriendo a la estrecha afinidad orgánica de la materia que los compone; algo obvio hoy, pero no tanto entonces. Un detalle curioso y digno de ser tenido en cuenta, sin embargo, es que Dios no insufla a Eva un alma, de lo que puede deducirse que es una imagen más imperfecta de Dios: una imagen de la imagen (en contra: Gen. 1:27).

Ahora bien, si el término "costilla" significa algo en ese pasaje de la Biblia, es la igualdad respecto al hombre, al tratarse de una parte media del cuerpo (entre la cabeza y los pies). Igualdad de destino, al menos, que para las otras igualdades ya están los ministerios.

viernes, marzo 06, 2009

Un disparate. Firmado: Darwin



El diseño inteligente presupone que estamos demasiado bien hechos como para ser fruto de mutaciones azarosas y de la selección natural. Sin embargo, como suele decirse irónicamente, hasta un urbanista humano consideraría un disparate colocar un vertedero (la cloaca) junto a un parque de atracciones (los genitales).


Magonia/Ayala

sábado, febrero 21, 2009

Democracia meneada

Menéame está expresamente diseñado para que una ideología o grupo de presión predomine sobre los demás, gracias al "karma" y a su poco disimulada función uniformizadora y excluyente. No tiene nada de extraño, pues, que un medio teóricamente abierto termine por ser monocromático, y no hay que indagar razones psicológicas fuera de las que los incentivos imponen. Es semejante a los referendos de una dictadura, generalmente votados en masa por quienes la secundan. No es que sus partidarios sean más entusiastas que sus detractores, ni más políticos, sino que han llegado antes.

Pero tal vez haya otra causa para esta mayor presencia en la red del izquierdismo insubstancial y acaudillado. Ésta sería la superior variedad y heterogeneidad de su credo, que lejos de ser un sistema con sus principios y corolarios es un mosaico de intuiciones y resentimientos incongruentes, pero con un innegable poder de convicción para un amplio espectro de ciudadanos. De ahí la maravillosa facilidad de la izquierda para crear consignas transversales, revestidas de una universalidad impostada ("ampliación de derechos", "memoria histórica", "Epc", "alianza de civilizaciones", etc. etc.), y generar una difusa empatía, la cual ha sido negada a los conservadores por exceso de equipaje, y a los liberales por defecto del mismo.

miércoles, febrero 11, 2009

El escándalo como convención

De hecho, el incesto nos sigue pareciendo REPUGNANTE MORALMENTE incluso cuando uno de los actores, pongamos por caso, es estéril.

J.Z.


Esto puede deberse a dos causas:

1) Nuestra indignación no es racional, sino adquirida.

2) Nuestra indignación no está motivada por la cuestión de la descendencia.

Me inclino por la segunda. Ya hablé de la diferencia entre el amor del parentesco, donde se ama por un vínculo previo a la voluntad, y el amor erótico, donde ese vínculo nace de la voluntad. Ahora bien, como la misma ligazón no puede fundarse en la voluntad y en algo distinto a ella, ocurre que ha de elegirse entre una y otra. Por ello, cuando decidimos amar a nuestra hija en sentido erótico, renunciamos al vínculo involuntario, esto es, a la condición paterna. Es esta revocación caprichosa de los deberes naturales y de sus correspondientes derechos la que nos repugna, más que consideraciones inconscientes sobre nuestra progenie.

lunes, enero 26, 2009

Brokeback

jueves, enero 22, 2009

El destino de una mentira

Weininger creyó que sólo las mujeres más masculinizadas, las Megeras, aquellas que pudieran reclamar para sí algún talento, tenían derecho a ser feministas en sentido propio. Se refirió a este movimiento no como lo que pretendía ser, sino como lo que realmente era: "la emancipación de las prostitutas", término con el que quiso designar a las que hacían de la persecución del coito un fin en sí, una idea fija en torno a la que orbitaba su vida psíquica.

La verdadera diferencia -escribe- radica en que para el hombre el impulso al coito es, por así decir, una comezón con pausas, mientras que en la mujer se trataría de un cosquilleo continuo.


Albergó muy escasas esperanzas de que pudiera triunfar un feminismo que equiparase moral y no sólo jurídicamente a la mujer y al hombre, puesto que el carácter sexual de ambos resultaba radicalmente distinto: amorfo y paradigmático el uno, imaginario e instrumental el otro. Sólo el hombre poseería un "yo" propio y una moral racional, no imitativa. Así,

la feminidad perfecta no conoce el imperativo lógico ni el moral, y la palabra ley, la palabra deber, el deber para sí misma, es la palabra que suena en sus oídos del modo más extraño.


El hombre femenino es el hombre mendaz y depravado. Que el feminismo masculino es hipocresía o simpatía frívola es algo que constatamos a diario gracias a su mal disimulada arbitrariedad. Por un lado, muestra su escrúpulo porque se elogia la belleza de una mujer de manera sexista. En este caso de una actriz, un personaje público. Por el otro, denigra a una desconocida reduciéndola a sus atributos eróticos. Es la misma persona quien lo hace, y no ha mudado sus principios de un escrito a otro. Se limita a reconocer que son principios impostados.

Un célebre aforismo en Derecho, válido también en metafísica, reza que el que puede lo más puede lo menos. Es probable que el feminismo sepa ya que no es capaz de cambiar a la mujer, pese a lo cual se empeñaría en transformar al hombre mediante una igualación por lo bajo. Abandonado el mito del hombre nuevo y de la mujer nueva, la última esperanza reside en que la cultura disolverá la naturaleza de ambos.

Esto es la teoría queer: un Rousseau nihilista, pasado por Freud. Semejante monstruo ideológico sólo podrá mantenerse merced a un poder público fuerte que lo respalde contra toda evidencia, empleando máscaras, dobles discursos y manipulaciones, y cayendo a la postre frente a la realidad.

domingo, enero 18, 2009

Psicomagia



Postmodernists believe that truth is myth, and myth, truth. This equation has its roots in pop psychology. The same people also believe that emotions are a form of reality. There used to be another name for this state of mind. It used to be called psychosis.


Brad Holland

lunes, enero 05, 2009

Plasticidad del alma

domingo, diciembre 28, 2008

Cacogenesia y libre elección

Hay millones de abortos en el mundo al cabo de los años. Por ley estadística, si 1/100 de los nacimientos diera a un genio, estaríamos renunciando a muchos de ellos al permitir el aborto libre. Digo esto no porque me parezca una buena razón contra esta política, sino para indicar que es falso que tal proceder se justifique en motivaciones eugenésicas, es decir, de mejora de los individuos de la sociedad por selección artificial. La libertad concedida a la madre arruinaría dicha planificación social, subvirtiendo sus fines. A no ser que quiera argumentarse que es preferible a la existencia de un genio y un disminuido la inexistencia de ambos.

martes, diciembre 16, 2008

Aborto del Otto Neurath

Recomiendo el debate (ver comentarios).

domingo, diciembre 14, 2008

Por favor, ¡pirateen mi ADN!

Me da un poco de reparo perder el tiempo con un demagogo, pero, por otro lado, nada más necesario. Ignacio Escolar es un tipo en cuya boca caben expresiones como que "la ley es dura, pero hay que cumplirla" cuando se trata de indultar a asesinos en serie, pero que llama a rebelarse si la ley dice que la piratería es un fraude al creador. Un hombre de principios.

No ha de extrañar entonces que el mismo que ha defendido a capa y espada el matrimonio homosexual y el aborto libre (¡deplorando la hipocresía ajena en ambas defensas!) diga ahora que:

Lo natural, en cualquier caso, es mucho más simple que un matrimonio: consiste en ese impulso ancestral, grabado a fuego en nuestra herencia genética, que lucha por perpetuar nuestro ADN. Para la naturaleza lo demás es superfluo, accesorio.

De más está añadir que no lo dice porque lo crea, sino porque le conviene. Así pues, ¿el fin es la liberación sexual o la reproducción? Quizá se responderá que ambos, si lo permite la tecnología, esa máquina imparable. Puesto que no hay diseño ni mucho menos diseño inteligente, cualquier enmienda a la naturaleza es susceptible de mejorar los medios que emplea para perpetuar a sus individuos. Por eso el Estado debe gastar dinero en volver a las mujeres hombres y a los hombres mujeres antes que en ayudar a las familias realmente existentes. Aunque cuando es la música y no el ADN lo que ha de reproducirse se clame por la ausencia de regulación.

Escolar es lo bastante malvado y estúpido como para contradecirse y estar siempre equivocado.

miércoles, diciembre 10, 2008

Injusticias bienintencionadas

Un caso muy interesante. Dos discriminaciones positivas inarmónicas entre sí que generan indirectamente una discriminación negativa. Aunque el iuspositivismo no nos permita cuestionar el fundamento de ambas medidas, debe guardar la equidad y la consistencia en sus disposiciones, según el principio del legislador racional.

lunes, diciembre 08, 2008

Pies (demográficos) de barro

El bien temporal del pueblo se funda en cuatro requisitos: 1) multitud, 2) comodidad de vida, 3) paz interior y 4) defensa contra el poder extranjero. En lo referente a la población constituye el deber de quienes ostentan la suprema autoridad aumentar su número, dado que gobiernan la humanidad en nombre de Dios Todopoderoso, quien sólo creó un hombre y una mujer, declarando a continuación su voluntad de que crecieran y se multiplicaran. Por cuanto esto ha de hacerse mediante ordenanzas referentes a la copulación, los soberanos están obligados por ley natural a dictar ordenanzas en dicho sentido que puedan favorecer el aumento de la humanidad. De esto se sigue que quienes tienen autoridad soberana deben prohibir: las uniones contrarias a la naturaleza, la promiscuidad de mujeres, que una mujer tenga muchos maridos, el matrimonio dentro de ciertos grados de consanguinidad y afinidad; todo lo cual va contra la ley natural. Pues, aunque no resulta evidente que un hombre aislado viviendo sólo bajo la ley natural la quebrante haciendo estas cosas arriba citadas, sin embargo, queda suficientemente claro que al ser tan perjudicial para el progreso de la humanidad, no prohibir las mismas es contrario a la ley natural por parte de quien tiene encomendado mejorar una porción de la humanidad.


Hobbes


domingo, noviembre 16, 2008

El legislador, que estuvo en todo

Entonces, cabe preguntarse para qué vale la mención expresa del “hombre y la mujer” del artículo 32.1 CE. Desde mi punto de vista, tiene una doble utilidad. Por una parte, veta cualquier clase de diferenciación entre los cónyuges que no quedase ya cubierta por la cláusula genérica del artículo 14; por otra parte (y para lo que aquí nos interesa), evita que llegue un momento histórico en el que la conciencia social excluya a las parejas heterosexuales del matrimonio.


Mario García, tras devanarse los sesos.

Progresismo, o cómo la jurisprudencia creativa convierte los derechos en juegos de palabras.

miércoles, noviembre 05, 2008

Hacer historia

Leo esto como "opinión muy destacada" en el blog de Escolacho:

Los que amamos muchas cosas de EE.UU. nos alegramos por ellos, salen del reinado de Nerón… que vengan Diocleciano y demás, pues oye, qué le vamos a hacer. Pero nos libramos de Nerón.


Lo que me ha hecho recordar este pasaje:

"(...) celebrándose una boda pública en la que Nerón era la esposa tímida para lo que se tocó con el velo de desposada; hubo presencia de testigos, se preparó concienzudamente el lecho del amor, y las antorchas llegaron a alumbrar los cuerpos de los esposos (...)". Escribe Tácito: "Púsole a Nerón la vestidura nupcial mujeril, se llamó a los augures, aderezóse el lecho conyugal, se previnieron las lucientes antorchas y se dispuso, en fin, todo lo acostumbrado en la noche de bodas."


La cita la encontré en Sade, que creyó que con ella legitimaba históricamente los matrimonios homosexuales.

lunes, noviembre 03, 2008

Intimidad insolvente


Cada día me cuesta más distinguir entre estos dos blogs: La Putain Claudine y Orgasmatrix. Si abstraemos lo accidental, esto es, lo que se finge impresionante: las citas en inglés y la cursilería elitista en el primero, las imágenes y las referencias a la genitalidad en el segundo, intelectual y estilísticamente son lo mismo.

viernes, octubre 31, 2008

Todo lo que tengo que decir sobre la corrección política

jueves, octubre 30, 2008

Quod scriptum, scripsi

Si debería haber hablado o no la Reina es discutible. En mi opinión, nada obsta para que un moderador y árbitro de las instituciones (y con más razón su consorte) tenga claros principios morales, aunque es más controvertida la cuestión de si debe manifestarlos abiertamente. Se supone que dichos principios han de conocerse de manera indirecta y estar a medio camino entre las opciones a arbitrar, pese a que no se concreten en declaraciones que puedan servir de asidero para impugnar la imparcialidad exigida.

Ahora bien, una vez la Reina se ha expresado, pedirle que rectifique es ilegítimo. Pues rectificar significa dar por buena la opinión contraria a la comunicada, con lo cual la neutralidad también se resiente. Cabe la opción de retirar lo dicho, y es quizá la demostración de fuerza que más complacería al fascista y desacomplejado lobby gay. Sed quod scriptum, scripsi.

martes, octubre 28, 2008

Todos somos bisexuales

Pero algunos más que otros.

Estoy por dedicárselo a Noguera.

domingo, octubre 26, 2008

¿Ad hominem? Ad feminam

¿Por qué ha de ser siempre patológica la misoginia de los filósofos? Si tenemos en cuenta lo abrumador del consenso sobre esta materia, así como su carácter transversal en personajes de muy diversa índole e ideología, es razonable pensar que pueda haber algo más que resentimiento y fobia.

Leibniz fue tal vez el menos misógino de los filósofos, e intuyo que se debe a que resultó ser el más asexual de ellos. Ajeno a cualquier pasión erótica -que nosotros sepamos- y desde la distancia cortesana y epistolar se relacionaba a menudo con interlocutores femeninos a quienes trataba en pie de igualdad y de los que estuvo presto a reconocer su "espíritu sublime". Admitió la participación de las mujeres en la Academia de las Ciencias de Berlín mediante su inclusión estatutaria. Por si fuera poco, contó con una precursora, Anne Conway, en la doctrina de las mónadas.

Sin embargo, Weininger consideraba a la monadología como un presupuesto de su metafísica sexual, ya que sólo desde la apreciación de que existen individuos reales podía impugnarse la individualidad ficticia que, según él, ejercían las mujeres en sus constantes simulaciones de virtud. En este punto se asemeja mucho a Nietzsche o a Schopenhauer, para quienes, por el contrario, el sujeto mismo era la ficción a combatir mediante la afirmación o la renuncia de la propia existencia, respectivamente. Desde estas coordenadas la mujer también era despreciada como un tipo inferior de vida por su carácter en extremo conservador y medroso -tan incapaz de descender como de ascender.

Entonces, ¿se puede llegar a idéntica conclusión desde las antípodas biográficas, temperamentales y filosóficas? Por lo visto, sí.

miércoles, octubre 22, 2008

La Edad Oscura



Hoy los llamamos derechos de las minorías; ayer nos referíamos a ellos como privilegios. La transmutación es sólo verbal y contextual, pero el concepto es el mismo, así como las consecuencias: una sociedad empática y ajurídica, ya sin la protección moral de entonces, desertora de toda ética superior al consenso, cabizbaja y resentida, con el enfermizo empeño de diseñar su desintegración ordenada.

El Renacimiento, en el que hubo mucho de conspiración de los inmorales, vio nacer al Estado moderno (véase Maquiavelo como caso de inmoralidad y estatismo). Pero esta nueva ola nihilista, ¿qué estructura jurídica la contendrá si nos empecinamos en destruir sus categorías desde dentro?

domingo, octubre 19, 2008

Un buen retrato

Se puede pretender la equiparación legal del hombre y de la mujer sin por ello creer en su igualdad moral e intelectual. Es posible reprobar la barbarie del sexo masculino contra el femenino, y simultáneamente reconocer su enorme contraposición cósmica y la diferencia esencial que entre ellos existe. No hay ningún hombre en que no palpite algo trascendental y que no tenga nada de bueno, y no hay ninguna mujer de la cual pueda realmente decirse lo mismo. El hombre más abyecto está aún infinitamente por encima de la mujer más encumbrada, tan por encima que ni siquiera es posible establecer una comparación y una ordenación de jerarquías. Sin embargo, nadie tiene el derecho de difamar ni de oprimir a la mujer, aunque se trate de la más abyecta. Nadie que conozca a fondo la humanidad abandonará su convicción de que entre los dos sexos existe la contraposición más absoluta ante la justificada exigencia de su igualdad legal. Una prueba de que los materialistas, empíricos y positivistas (por no hablar de los teóricos socialistas, que han profundizado muy poco en el conocimiento del hombre) son psicólogos muy superficiales, se encuentra en el hecho de que haya sido de sus filas de donde han venido y vienen todavía los defensores de la igualdad psicológica congénita entre el hombre y la mujer.

Espero también que mis conceptos acerca de la mujer no sean confundidos con los triviales de P. J. Moebius, que han sido recibidos de buen grado únicamente por constituir una valiente reacción contra la corriente de la masa. La mujer no es "una débil mental fisiológica", y tampoco puedo participar de la opinión de aquellos que consideran como casos de degeneración a las mujeres con capacidades sobresalientes. Desde el punto de vista moral no puede hacerse otra cosa que dar la bienvenida a las mujeres que en todo momento son más masculinas que las restantes, y en lugar de una degeneración debe verse en ellas un progreso, una superación. Desde el punto de vista biológico tales mujeres no son ni más ni menos normales que el hombre afeminado (cuando no se les quiere dar un valor ético). Las formas intersexuales no son una aparición patológica, sino absolutamente normal en todos los organismos, y su presencia no es en modo alguno una demostración de decadencia corporal. La mujer no es generosa, ni aguda, ni exacta en sus pensamientos; es precisamente lo contrario. Como hasta ahora hemos visto carece de reflexión; representa la completa falta de sentido, la insensatez. Pero no es una débil mental, una imbécil, en la acepción común del vocablo, es decir, la falta de la más sencilla orientación práctica en la vida ordinaria. La mujer es astuta, calculadora, "cuerda" en un grado superior y de una manera más regular y constante que el hombre, siempre que la mueva un fin egoísta. La mujer nunca es tan tonta como puede serlo algunas veces el hombre.

¿Carece, pues, la mujer totalmente de importancia? ¿No persigue algún objetivo general en su vida? ¿No tendrá algún destino, una determinada significación en el mundo, a pesar de su nulidad e insensatez? ¿Servirá para una misión o su existencia será algo casual y ridículo?

Para formarnos una clara udea debemos partir de un fenómeno al que nadie, a pesar de ser antiguo y conocido, ha prestado la atención ni le ha dado el valor que merece. Trátase del fenómeno de la tercería que nos permite penetrar como ninguno en la naturaleza de la mujer.

Su análisis nos muestra, en primer término, el afán de favorecer la manera de que se encuentren dos individuos en quienes sea posible la unión sexual, sea en forma de matrimonio o no. Este afán de poner en contacto a esos individuos palpita, sin excepción, en todas las mujeres desde la infancia más temprana, e incluso las niñas gustan de oficiar de intermediarias entre sus hermanas mayores y sus novios. Aun cuando la tendencia a la tercería aparece más claramente en el momento en que la mujer se ha encontrado a sí misma, es decir, después de su casamiento, no por ello deja de observarse en la época que transcurre desde la pubertad al matrimonio.

(...)

Los hombres también suelen leer con gusto tales novelas [eróticas] para favorecer la detumescencia, pero esto es muy diferente de la manera cómo las leen las mujeres. El lector masculino imagina del modo más vivo posible el acto sexual, pero no sigue temblorosamente desde el comienzo el acercamiento de la pareja, y la sensación no crece continuamente, como en la mujer, en relación inversa con la distancia que separa a las dos protagonistas.

(...)

Nunca se había pensado por qué las mujeres favorecen con tanto placer y tan "desinteresadamente" el encuentro de otras mujeres con los hombres. El placer que esto les produce se debe a una característica excitación originada al pensar en el coito de los demás.

Pero incluso después de haber extendido el concepto de tercería al móvil principal que impulsa a las lectoras [de novelas románticas o eróticas], no se llega a considerarlo en toda su amplitud. Una mujer que durante un anochecer de verano atraviesa un jardín oscuro donde multitud de parejas de enamorados se sientan en los bancos o se alinean a lo largo de los muros, dirigirá curiosamente su mirada hacia ellos, mientras que un hombre que se vea obligado a pasar por esos lugares apartará sus ojos para no sentir herido su pudor. De igual modo, las mujeres al cruzarse en la calle con una pareja de novios se volverán para observarlos, siguiéndolos con la mirada. Esa curiosidad, esa observación, cae tan dentro del concepto de tercería como los restantes casos referidos. Aquello que no se ve con placer y que no se desea provoca la desviación de la mirada. Si las mujeres contemplan con fruición las parejas de enamorados y experimentan gran alegría cuando las sorprenden besándose o en otras manifestaciones amorosas es porque desean el coito en general, es decir, no sólo para ellas. Como ya hemos dicho, sólo se contempla aquello que se valora positivamente. La mujer que ve dos enamorados piensa siempre en lo que puede ocurrir, es decir, lo espera, lo prevé, lo desea. He conocido una mujer casada que sabedora de que su sirvienta había introducido a su amante en la habitación pasó largo tiempo escuchando ante la puerta antes de llamarla y despedirla. Esa mujer había consentido en su fuero interno lo que estaba ocurriendo antes de tomar la decisión de ponerla en la calle, en parte obedeciendo a las conveniencias sociales, en parte movida por una envidia inconsciente. Creo, en efecto, que este último motivo interviene con mucha frecuencia en el castigo de la culpable.

La mujer se aferra vivamente, sin jamás rechazarla, a la idea del coito, cualquiera que sea la forma en que se le presente (incluso cuando es practicado por animales); no lo niega, no siente ningún asco ante lo que tiene de repugnante el proceso, ni intenta pensar en otra cosa; por el contrario, la representación del acto la embarga completamente y la preocupa incesantemente hasta que es sustituida por otra de carácter igualmente sexual. Con esto queda descrita, en gran parte, la vida psíquica de la mujer que a muchos parece muy enigmática. La necesidad de realizar la cópula es la necesidad más violenta de la mujer, pero no es sino un caso especial de su interés más profundo, de su único interés vital: el deseo de que tengan lugar muchos coitos, dondequiera que sea, por parte de cualquier persona, en cualquier momento.

Esta necesidad general se dirige unas veces al acto mismo y otras hacia el hijo. En el primer caso la mujer es prostituta y celestina, y desea la simple representación del acto; en el segundo es la madre, pero no sólo con el deseo de llegar ella a ser madre, sino también en relación con todos los matrimonios que conozca, y cuanto más se acerca a la madre absoluta tanto más exclusivamente están dirigidas sus ideas hacia el hijo. (...) La madre integral actúa completamente para la especie: es la madre de toda la humanidad, y toda preñez es saludada con alegría por ella. La prostituta pretende que ninguna mujer quede preñada, sino que simplemente sea prostituta como ella.

Weininger

jueves, octubre 16, 2008

La mujer, el amor y el paradigma





En los meses próximos a su ejecución, recibió más de 200 cartas por día de mujeres que decían amarle (Ver minuto 5:08).

Siento reconocer que no estoy sorprendido. Hablamos de un ser perturbado con decenas de asesinatos de su autoría. No fue machismo, sino depredación. Y aun así, desde la distancia idealizada, lo amaban. Decíamos ayer:

Un hombre opone su amada al resto de mujeres; una mujer opone su amado al resto de paradigmas. Dice, por ejemplo: "este hombre es feo, es derrochador, es violento, etc.". Jamás se acepta al hombre porque es el que es, sino porque es como es. Una mujer, entonces, sólo es fiel al paradigma, a lo adquirido, y tal virtud no es en ella nada connatural.


La mujer es, de ordinario, incapaz de juicio en lo sexual. Sigue inercialmente pautas aprendidas para identificar al hombre correcto, dejándose arrastrar por la apariencia. A partir de ahí, nada sabe hacer mejor que someterse de un modo irracional, bestial y repugnante.

miércoles, octubre 08, 2008

El sexo de Frankenstein

Un asesinato es condenable siempre, con independencia de su móvil. Porque, si se trata de contextualizarlo, hágase hasta las últimas consecuencias. No creo que alguien mate a otro por una idea equivocada de la posesión, entendida de un modo absoluto. Quien así obra sabe que sus supuestas pretensiones falocéntricas no serán socialmente reconocidas, que pagará por ello, por lo que debe inferirse que su vida le resulta todavía más lamentable que el gran peligro al que la ha expuesto al asesinar. Ahora bien, la voluntad de poder nunca es suicida por elección propia. Ver, entonces, como ogros sedientos de dominio a quienes no son más que pobres diablos, profundamente desgraciados y humillados, no tiene sentido a la luz de los hechos.

martes, octubre 07, 2008

Cuando los maricas tenían clase



Otro día os hablaré de Corelli.

viernes, octubre 03, 2008

Horror vacui





Difícilmente podría caber más inmundicia en esta foto.

lunes, septiembre 29, 2008

Lo que engendra al tirano

Aquel que es demasiado pequeño tiene un orgullo grande, decía Voltaire. Algo parecido debe de suceder con el integrante tipo de la madre de todas las procesiones de maricas, putas y desgraciados. El mayor engreimiento es sin lugar a dudas el haber creído superar a la moral de la que éstos tan felices se despiden: cualquier moral que pueda plasmarse. Pues lo que pretende vendernos esa fiesta de fantoches -no todos gays, por supuesto- es que la inmoralidad existe si y sólo si se causa un daño directo a otro, del tipo de las lesiones, la estafa o el homicidio. Es una concepción tan laxa del hombre la que poseen (una concepción propia de alimañas temerosas de herirse) que, por pura consecuencia, les lleva a honrar el ridículo en una suerte de farsa dionisiaca; a creer que el mundo entero es ridículo y miserable porque ellos lo son con todas las letras. Tras lo cual exigen compasión y comprensión en virtud de una ignota dignidad que, si le concediesen crédito realmente como para que tomara alguna forma objetiva en sus cerebros, ellos iban a ser los últimos en merecer.

Por otro lado, sería injusto -y nada cristiano- el negar u ocultar que todos estamos enfermos en mayor o menor medida. No existe la "homofobia", sino una antropología en la que lo femenino, lo voluble e insubstancial, ocupa un lugar inferior a lo masculino, y otra en la que estos valores se invierten (ideología que alguien ha definido con la luminosa metáfora de "vida líquida").

He amanecido aforístico. Me acostaré igual.

Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace es el orgullo que le proporciona hacerlas (Oscar Wilde).

domingo, septiembre 28, 2008

Monjas y putos

En cualquier caso, la homosexualidad... no genera taras, no más que las que puede tener una mujer cuando decide que lo que más desea en este mundo es dedicar su vida a Dios, hacerse, en consecuencia, monja y por tanto no tener hijos.

Por tanto, si los gays fueran tarados (según ese estiramiento del concepto tarado) entonces también lo serían las monjas que reciben una irrenunciable llamada de Dios y aún así más tarados seguirían siendo los estériles, etc... por no tener margen de maniobra.


La diferencia entre el error y la enfermedad radica en que el error se despacha con la razón, mientras que la enfermedad sólo puede combatirse con el hábito. Si la religiosa que opta por ser casta está equivocada, el error procederá de una acción y no de un padecimiento. Habrá errado en el juicio, pero sin someterse a una degeneración del instinto, como sucede con el homosexual.

No me cabe duda de que la esterilidad es una enfermedad. Pero no tengo noticia de que los estériles se hayan asociado como grupo de presión, o declaren estar orgullosos de su carencia. Y aquí cabe hablar de otra diferenciación notable: el enfermo ordinario reconoce su defecto, al tiempo que el enfermo mental se empecina en negarlo.

viernes, septiembre 26, 2008

Abreviando

Encuentro este vídeo en la red, "una breve historia de amor":



De acogerse a la reforma del Código Civil español habría sido aún más breve. En concreto, tendría que acabar forzosamente en el minuto 1:14.

viernes, septiembre 19, 2008

Homófobo



[Huw Christie:] What did you mean when you said of Michel Foucault that if what you'd reliably heard of his public behavior after he knew he had AIDS is true then he should be condemned by any ethical person?

[Camille Paglia:] People say this was not true, blah blah blah. I'm sorry, I happen to believe it. This information came to me very reliably. There were only two people between me and Foucault. Foucault told a famous gay writer, who told my close friend, who told me, that when he realized he had AIDS, he was so angry that he determined he would take as many with him as he could. He would take as many to death as he could. That he deliberately went to bars and would deliberately have sex with people and not tell them and try actively to take them with him.


Huw Christie, "AIDS and Decadence" Continuum, vol 4, issue 3, p 20.

jueves, julio 24, 2008

Nada

Mestizos, progresistas, polisexuales, interculturales, agnósticos y postsocialistas. Es decir, nada.

viernes, julio 11, 2008

Aplausos para el derribo

El sexo no tendría más relevancia que el teatro (o que la gastronomía) si no contase con una función social. Occidente ha hecho de la sexualización y la concepción lúdica de la vida un paradigma individualista. Eso va a destruirnos.

martes, julio 08, 2008

Marica, ma non troppo

No se puede poner freno a la depravación sin cuestionarla de raíz. Por otro lado, nada bueno es excesivo: no hay civismo excesivo, no hay heroicidad excesiva. Quienes quieren esconder las consecuencias de ser gay (la lascivia, la esperpenticidad) apoyando, sin embargo, las bondades de esa condición son auténticos tartufos.

domingo, julio 06, 2008

La nada presume



El orgullo remite su etimología a lo noble. Y no hay nobleza de ninguna clase en mantener relaciones sexuales, en especial si son promiscuas y contra natura. Cualquier mono que engendre monitos y dé un nuevo miembro útil a su especie tiene más derecho a sentirse orgulloso que un estúpido gay. Aquí la palabra "orgullo" se emplea simplemente como eufemismo para la falta de vergüenza.

miércoles, julio 02, 2008

Idiotas o peor

La Inquisición ejecutaba a homosexuales. Mal hecho, hay que avergonzarse de eso. Pero la persecución no hace bueno a nadie, ni convierte al enfermo en sano. El movimiento gay -como cooperador necesario en la transmisión de enfermedades venéreas- ha matado a más homosexuales que la religión, y en menos tiempo. Promover la promiscuidad es, en términos estadísticos, promover el contagio. No se diga que fue un resultado involuntario: en Derecho hablamos de dolo eventual cuando, con tal de lograr un objetivo, se asumen ciertos riesgos en perjuicio de terceros.

Recuérdese que en términos similares, si bien falaces, se viene acusando a la Iglesia por su política de planificación familiar en África, tildada de rigorista, supersticiosa e impracticable. Sin embargo, no se pide la difícil abstinencia, sino la continencia, entendida como algo más que contener la eyaculación en una bolsita de látex. Cuando ponemos obstáculos a nuestra propia voluntad obramos irracionalmente, como Ulises encadenándose ante las sirenas. La conducta moralmente irreprochable consiste, en cambio, en ajustar la moral al fin, no en burlarnos a nosotros mismos.

Es preciso acabar con la ética del placer, pues nada hay más contradictorio. El enamoramiento es causa de un estado de ánimo inestable que perjudica al buen juicio, subvierte los roles sociales, torna inepto al más sobrio y es, en general, sumamente dañino para la república. Sólo la fidelidad es capaz de contrarrestarlo, y ésta no tiene sentido biológico fuera del contexto de la cría de hijos. Ser fiel a alguien en una relación sexual por definición estéril es una estupidez.

Es obvio que podría serle fiel a una mujer por la mera ventaja que me reportaría tenerla como compañera sexual excluyendo al resto de competidores. Pero sería una actitud digna de un idiota el negarme a conocer otras mujeres más atractivas si mi única motivación para mantener a la primera fuese disfrutarla sexualmente.

Sólo hay un motivo para prohibir la poliandria o la poliginia, y es favorecer el derecho de los hijos. Si no existen hijos ni puede haberlos, la poligamia deja de ser inmoral y, como comentaba, la fidelidad hacia una sola persona está a efectos sociales injustificada. El sentimiento de culpa no concierne al derecho, ni la palabra dada es obstáculo mientras pueda rescindirse con compensación. En fin, no me parece admisible que quienes se han esforzado en separar el matrimonio civil del sacramental vengan ahora con monsergas metafísicas y apelen al amor.

En tanto que heterosexual dentro del cerco del matrimonio, yo no soy más que un potencial engendrador de hijos. Ahora bien, el gay -al menos el gay promiscuo- es, en tanto que gay, un posible transmisor de enfermedades y nada más que eso.

Sí, opino que los gays fieles son unos idiotas, y el resto algo peor.

De donde se sigue que las relaciones gays sólo aportan desorden. Su protección legal está completamente injustificada y nadie la habría tenido en cuenta de no ser por las presiones de un lobby obsceno.

Hasta otra.

lunes, junio 30, 2008

Los poetas mienten demasiado




sábado, junio 07, 2008

Profético

martes, marzo 11, 2008

Sin límites

Recuerdo que en 2004, recién ganadas las elecciones por el PSOE, escuché que se preparaban reformas legales que iban a permitir que las parejas gays pudieran abortar. Me pareció un progreso enorme: por fin se había franqueado completamente la barrera del cuerpo que la naturaleza imponía. Ampliación de derechos, sí, y en concreto del sacrosanto derecho a elegir.

Cuál fue mi decepción cuando supe que en realidad lo que se estaba tramitando era el derecho de los gays a adoptar.

Así no vamos a ninguna parte. Tenéis cuatro años más para superaros.

lunes, diciembre 24, 2007

Vía rápida

¿Cómo se vence a una persona inmoral, sin convicciones? Por la fuerza de la costumbre y la presión de las opiniones de la mayoría, o de aquellas que por su descaro y arrogante omnipresencia mediática simulan ser tales.

jueves, noviembre 22, 2007

Porque yo lo siento

Cediendo al relativismo, podríamos resumirlo todo en esta fórmula: No hay más enfermo que el que se siente enfermo. Por tanto, tampoco hay más sano que el que se siente sano. Si es así, admitid que los homosexuales que acuden a la consulta (precisamente porque lo son y no quieren serlo) no están sanos.

Se abren, pues, dos opciones: 1) curar a esos individuos que desean ser curados; o bien 2) reeducar a todos los miembros de la sociedad que asocian o puedan asociar lo homoerótico con lo patológico. Lo primero es psiquiatría, lo segundo educación para la ciudadanía.

* * *

No es que no quieran serlo, es que su entorno les convence de que es malo.


Voy a aceptar lo del entorno (doble relativismo: psicológico y sociológico) porque no afecta a la conclusión: Su entorno los convence, luego no quieren serlo; ergo, están enfermos. Y si no están enfermos por creerse enfermos, entonces tampoco están necesariamente sanos quienes se consideran sanos.

La enfermedad a la que me refiero no es objetiva, pues ya sé que lo objetivo os trae sin cuidado, de modo que descenderé a un plano argumental en el que os sintáis cómodos. Estaría causada tanto por el juicio ideológico interiorizado como por el sentimiento de culpa exteriorizado. Así, no tendréis inconveniente en admitir que quien odia el sexo y goza hiriéndose en los genitales posee una sexualidad enfermiza. Por ende, quien odie el sexo homosexual y sea, sin embargo, de esta condición, padece una homosexualidad enfermiza y digna de tratamiento.

¿En qué consiste la terapia? En el caso del sexófobo, en reorientar su sexualidad hacia prácticas que le permitan el equilibrio. En el caso del homosexual “homófobo”, exactamente en lo mismo.

* * *

Hay gente que no se considera enferma y lo esta. Tu argumento es una imbecilidad.


Pero no es mío, aunque me lo haya apropiado. Los gays estiman que aquellos homosexuales que rechazan su condición están moral y sexualmente enfermos, ya que son incapaces de aceptarse a sí mismos. Según este razonamiento, su enfermedad no es otra cosa que el sentirse enfermos.

No se dan cuenta de que conceden aquello que quieren negar, a saber: que la homosexualidad genera casos patológicos. También la heterosexualidad los genera, por supuesto. La diferencia es que éstos nunca conciernen a la culpa por la mera condición heterosexual, sino a algo más concreto (parafilias) o más genérico (fobias al contacto, etc.).

viernes, octubre 12, 2007

El paganismo no ha liberado nunca a nadie

Se cargan las tintas con la presunta misoginia cristiana y nada se dice de las condiciones peculiarísimas que hacen de esta religión un baluarte seguro para la feminidad. El anticlerical cree, en su ignorancia, que como el Dios católico creó primero al varón según el Génesis, se encarnó además en hombre y, para mayor ultraje, se hace llamar Padre, el fiel de esta religión debe en su fuero interno rechazar o despreciar a la mujer. Eso es una solemne estupidez.

Los griegos clásicos, tan avanzados, tenían diosas en su panteón: no más que idealizaciones de las virtudes paradigmáticas de la consorte, como Hera (la maternidad), Atenea (la prudencia), Venus (la seducción) o Diana (la pureza). Ahora bien, ello no fue óbice para que las mujeres de carne y hueso permanecieran por muchos siglos en el gineceo marginadas de la vida pública. Incluso las heroínas de la tradición literaria helena son por lo general pasivas y abnegadas ante el destino (Alcestes), hasta el punto de que, cuando el despecho y la pasión las empujan a ir más allá, sucumben (Antígona, Fedra) o se convierten en trágicas parricidas (Medea, Electra). Compárense con una Judith, por ejemplo.

Se abre la inevitable pregunta: ¿Qué pensaba el griego de la mujer como individuo? Salvo excepciones asexualizantes (verbigracia, la Diotima de Platón), la tenía por un ser disminuido. Es cierto que la figura de la sacerdotisa estuvo presente en algunas culturas mediterráneas, pero fue como reminiscencia primitivista del matriarcado, por asociación de la mujer con la naturaleza y sus secretos. Es decir, precisamente por su falta de espíritu, plasmado en la sibila en trance, instrumento de los démones.

Tan poca confianza había hacia la doncella que, a diferencia de lo que sucede en el cristianismo, no se le permitía una ascesis absoluta, sino a lo sumo subordinada y forzosa, al modo de las vestales romanas consagradas a la familia. Otro dato a tener en cuenta es que el voto de castidad femenino ya existía mucho antes de la propagación del Evangelio. Si de algo fue precursora la Virgen resultó ser, curiosamente, de la castidad masculina, contra el tópico del discurso falocéntrico y triunfante.

En fin, frente al socialismo, que estima a la mujer tomando en cuenta su capacidad para el trabajo remunerado y considera que ésta obtiene sus derechos o su dignidad sólo por ser explotada, la Iglesia católica hace cabeza suya a una de ellas por su mera condición conjunta de madre y fiel, ajena a circunstancias externas con base en la fortuna o en extracción social. Y frente a la sociedad "feminista" que valora a la mujer por su belleza, su falta de escrúpulos (neolenguaje: "independencia"), su nivel de ingresos o sus meros atributos sexuales, el cristianismo le reconoce por primera vez en la historia una potencia activa y superior a cualquier sino, además de un honor equiparable al de los profetas. ¿Qué es al lado de eso el tardío (también para los hombres) y simbólico derecho de voto de los liberales? Nada, concesión graciable: polvo y paja.

¿Y qué hay del Islam? Dejando de lado las condiciones económicas de su ámbito de influencia habitual (pueblos de tradición nómada o con predominio agrario), que confinan a las esposas a la tarea de paridoras, sobresale como un monolito la desigualdad intrínseca de la poligamia y el repudio, en oposición al matrimonio cristiano, monógamo e indisoluble.

No concluyen ahí las discrepancias. La ausencia de una autoridad unitaria que determine cuál es la interpretación correcta de los textos sagrados propicia que ésta queda mucho más sujeta a los condicionamientos sociales mencionados más arriba.

Por último, la purga explícita de la doctrina sobre el pecado original hace que la causa del mal permanezca fuera del hombre o santo típico, cifrándose en los ataques de la carne (a cargo de las mujeres tentadoras) y del espíritu (perpetrados por Satán, el adversario). Es un acto de piedad, pues, reprimir a la mujer, como al hereje, en lugar de educarla, ya que la educación es en este caso demasiado débil para modificar la inercia de su cuerpo lascivo.

Finalmente hemos hallado el punto, la raíz filosófica donde feminismo, socialismo e Islam coinciden: el ninguneo del alma femenina.

El valor de la reproducción para la ética

Convenimos en que el derecho a la vida es el fundamento de todos los demás, su precondición lógica. Ahora bien, por "derecho a la vida" se entiende el derecho a conservarla. Nadie, en resumidas cuentas, tiene el derecho a ser engendrado, ya que para tener derechos hay que ser persona y, por consiguiente, hay que haber sido engendrado.

Luego el fundamento del máximo derecho en el que los demás se sustentan no es un derecho, sino un hecho: la reproducción. Al exigir el concurso de dos voluntades, de un consenso, no puede hablarse de un derecho natural a la reproducción. Es siempre un derecho pactado, social, cuya máxima expresión es el matrimonio. Pero, antes que derecho, es hecho: potencia, capacidad de ser. Y se predica del individuo, como es obvio, ya que los colectivos -"strictu sensu"- no se reproducen.

¿Puede el Estado exigir al individuo que desempeñe su función biológica para reproducirse en beneficio de la sociedad? No, desde el momento en que la tarea del gobernante es defender a la comunidad de los peligros positivos y graves, no de los negativos y superfluos. El celibato, al desafiar la naturaleza animal y ser patrimonio de la minoría, no amenaza a la sociedad.

Nos encontramos ante el siguiente dilema: Constituye un derecho inalienable del individuo el reproducirse o no, en base a su propia conservación y a la de su estirpe. Con todo, el Estado tampoco puede renunciar a regular la dimensión procreadora del hombre, dejándola a su albedrío como si se tratara de un hecho bruto y sin consecuencias morales. Porque, recordemos, de ese hecho depende el derecho supremo sobre el que, a su vez, gravitan los demás sin excepción.

Ergo, el Estado debe regular una forma voluntaria y consensuada mínima que permita la reproducción de los hombres y la estabilidad demográfica de las comunidades humanas. "A sensu contrario", no debe regular ninguna forma análoga que descuide dichos aspectos, pues se estaría oponiendo al derecho natural, al tiempo que negaría sus atribuciones como ente político último. En fin, un matrimonio que no prevea la reproducción sólo puede ser un contrato privado. Jamás una institución pública, so pena de absurdo.

sábado, septiembre 22, 2007

Salir del armario gay

domingo, julio 22, 2007

El nacimiento del amor

Leído en las news de google hace ocho años. Hoy ningún gay español sería tan sincero con sus afectos, que por una cuestión de simple proselitismo se intenta disfrazar con los ropajes románticos del amor heterosexual.

El agujero del culo es un paso angosto. Su función natural es la de desembocadura de las tripas más gordas, pasaje de mierda, agujero negro e insondable para el entendimiento. El momento en que deja de cumplir esas funciones exclusivas y comienza a surgir como centro de placer varía de persona para persona. A mí me llegó la revelación una tarde en un barco, cuando me hacía una paja con mi primo Manuel y su tío. Este, que era un poco mayor que nosotros, mientras cada uno le dábamos a nuestras respectivas manivelas, nos informó de que, metiéndonos un dedo en el culo, daba más gustito. A mí, que era el más chico (entre los nueve y los once años), ya me habían propuesto que se la menease a ambos, pero yo, matoncillo y gallito, me negué. Ahora que me había hecho el machito no me iba a meter un dedo en el culo, que era una auténtica mariconada. Que se lo metiesen ellos si querían. Ya sabéis cómo acabó esta historia. La segunda paliza memorable y tal.

No voy a seguir por ahí. Lo cierto es que a partir de ese día me estaba picando la curiosidad más que el culo. Tengo la sensación de que el culo siempre me picaba cuando era niño, a lo mejor porque no me lo limpiaba muy bien después de cagar. Lo hacía muchas veces en el campo o en la playa y después tenía que coger una piedra o un palo para limpiarme. Los restos de mierda que se habían quedado pegados comenzaban a hacer su efecto. En fin, sigamos. Uno de los escenarios que más me gustaban para pajearme era mi habitación. Cuando todo el mundo se iba a dormir, con la excusa de quedarme leyendo, tenía toda la libertad para pajearme a gusto, con la luz encendida y todo. Abría la puerta del armario, la que tenía espejo, y empezaba a mirarme y a meneármela. Me excitaba verme a mí mismo mientras me empalmaba, mientras iba subiendo y bajando sobre mi polla. A veces me tendía en la cama y colocaba la puerta de tal modo que me reflejase tendido. Poco a poco comencé a descubrir más partes de mi cuerpo, los huevos, el placer de jugar con ellos, la raja del culo. Me abría de piernas y veía mi imagen reflejada en esa posición ridícula. Me acariciaba el culo y me metía tímidamente la punta del índice, avanzando muy poco, porque, si no, me entraban ganas de irme al baño. Las pajas fueron muchas en esas posiciones, con esa escenificación que me montaba para mi deleite privado.

Ocurrió cierto día que uno de los pirindolos de los pies de la cama se despegó de su sitio. Tal vez fuese alguna de mis hermanas o mi madre, con su histeria limpiadora. La cabecera y los pies de la cama tenían en cada esquina una de esas extremidades, un pináculo de madera torneada que acababa en una bolita del tamaño de un huevo de perdiz. Una de esas noches de paja y espejo, mientras me tocaba el ojete y le daba al cojinete, viendo reflejado mi cuerpo, se me apareció en primerísimo plano aquel trozo de madera encajada en el agujero de su esquina, pero suelta. Lo cogí. No tenía nada que ver con una polla, pero tenía la evocación. Algo grande su tamaño, pero eso nunca está de más. Me lo acerqué al culo y empecé a frotarlo allí, hasta que llegó el momento en que el cuerpo me pedía más y no pude contenerme, apreté con fuerza y empecé a forzar el primer esfínter. Si los hombres se dan por culo, ¿cómo lo hacen para que no duela? Al poco de tener aquel huevecillo de perdiz dentro y de menearlo un poquito, me entraron unas enormes ganas de ir a cagar. Cuando retiré aquel consolador improvisado, traía en la punta un sombrerito de mierda. Joder, qué asco! ¿Qué hago yo ahora con esto? Intentando hacer el mínimo ruido, medio escondido en la mano, me llevé el pináculo aquel al cuarto de baño, a limpiarlo con papel higiénico mientras yo hacía mis necesidades. Cuando ya lo tuve brillando, me lo acerqué para olerlo. Puff, echaba un pestazo a mierda fortísimo todavía. Me puse nervioso, intentando buscarle una solución, que nadie se diese cuenta, que el tufo a mierda no llamase la atención de nadie en la casa. Ya me estaba viendo a mi madre entrando en la habitación y poniendo la nariz directamente allí, descubriendo que su hijito, mariconcete él, ya estaba empezando a cascarse el culo. Cogí un poco de gel y lo estuve limpiando con ahínco. Lo sequé muy bien y lo froté hasta dejarlo brillante como la patena. Ahora sólo faltaba que entrase alguien en el cuarto de baño, que no tenía cierre, y me descubriese! Acabé de mansturbarme en el baño y, cuando acabé, me lo metí en los calzoncillos. Con la camiseta por fuera no se veía nada. Al pasar por el espejo del pasillo, me levanté la camiseta para ver aquel bulto extraño. ¡Qué buen paquete! Me fui a la cama. Puse el pirindolo en su sitio y me eché a dormir, mientras imaginaba una de aquellas pollas pornográficas de las revistas de mi padre entrándome en el culo, aunque sin producirme tanto dolor ni tanta desazón.

Y así fueron corriendo los días. Había unas veces que todo ese ceremonial se precipitaba porque mi madre o mi padre se levantaban. Otras me limitaba a mis sesiones de narcisismo onanista. Poco a poco comencé a mirar con ojos lúbricos todo lo que tuviese forma de polla. Ya no bastaba con perderme entre los pantalones de cualquier hombre, aquella incontrolable necesidad de mirarles el paquete. Ahora veía falos por doquier. Los tubos de desodorante Mum, los frascos de colonia más estilizados, los botes de especias, el mazo del almirez de madera - que aquel otro de bronce, grande, con el que mi padre casi mata a mi madre, desapareció misteriosamente de la casa -, el tubo de kánfor para los zapatos... Algunos eran peligrosos, sobre todo los de plástico, que tenían junta y herían el culo y salía un poco de sangre, lo que aumentaba mi culpabilidad y mi propósito de enmienda: no meterse nada en el culo nunca más. Eso sólo lo hacen los maricones. Bueno, pero si Carlos me lo pide, le dejo que me lo haga. Hasta que atacaban de nuevo las ganas de darle gusto al ojete y me buscaba una solución menos dolorosa. Fue la época frutal, mejor dicho verdural: zanahorias, pepinos, calabacines, plátanos - los verdes y duros, que los otros se deshacen y son un desastre. Pero el periodo de abertura esfintérica más fructífera fue ya en Granada, en el período posterior a la separación de Andrea. Empecé a compartir piso con dos hermanos (una hermana y un hermano). El era homosexual. Asumidísimo, inteligente. Por la casa había de vez en cuando revistas pseudopornográficas y muchas cosas de Tom de Finlandia. Me ponía a cien con el Tom, y con las historias de Nazario en el Víbora. Nos inchábamos de fumar porros. Alguna que otra vez cayó algo de caballo, cuando la hermana empezó a salir con un enganchaíllo buscavidas para el que la mejor diversión era un pico y una partida de ajedrez. El
cabroncete era buenísimo jugando. Nos ganaba casi siempre, al hermano y a mí. Otras veces, cuando había más amigos, la diversión era un pico y las partidas de dominó o de cartas. Y porros a mansalva. No teníamos el más mínimo interés en bajar por los bares. Alguna que otra vomitona, algún que otro muermo y a pasar el cuelgue entre las cuatro paredes de aquella casita sin vistas. La ventana de la sala daba a un patio interior del que llegaba siempre un pestazo a mierda insoportable. Debía de ser cosa de la mala instalación de los desagües, pero el hermano decía que era culpa de los japoneses que vivían en el resto de los apartamentos, que comían mucha soja y que la mierda de la soja tiene un olor muy penetrante.

Además de la heroína, allí probé por primera vez el popper, que traía el hermano de Suiza, donde trabajaba unos meses al año. A mí el punto de droga de aquello me parecía bien extraño, un latigazo fuerte que te hacía perder la cabeza y te ponía taquicárdico perdido. El hermano me dijo que aquello era para follar mejor, que así no te dolía cuando te daban por culo, y que también era bueno para bailar, que sentías la música en todo el cuerpo, sobre todo la música disco.

Una vez que ellos no estaban en casa, me fui al frigorífico, donde guardaban aquel frasquito gris marengo plateado, cogí un bote de especias de cristal, de ésos que tienen la base del tamaño de un glande considerable, y me fui a la habitación, a follarme. Al principio, incluso con popper, costó meter aquello, pero continué inhalando algunas veces más, y con el frasco de los oréganos colgando del ano, empecé a sentirme en las nubes. Aquella subida de sangre en la cabeza, aquel palpitar de los esfínteres con el pseudonabo incrustado me puso a tope. Definitivamente, lo mío era el placer anal. Fui variando las combinaciones: unas veces con las especias, otras con zanahorias, hasta que llegué a los pepinos. Y allí te ves a rafaelito de culo en popa, esnifando como un loco el tarro de popper, pasmado con las pollas descomunales de los chulos de Tom of Finland y con un pepino bruto dejándole los esfínteres completamente descolgados. Idílico, platónico, efervescente. Un auténtico modelo de desesperación sexual. Menos mal que poco después apareció Mark y me reconcilió con mi propia imagen, dándole a mis órganos sexuales un uso más humano. Si no, habría terminado como aquel tarado que una vez me siguió en un mercedes, mientras yo hacía footing, relamiendo un consolador de goma, metiéndoselo en la boca y pasándoselo por las mejillas como si fuese un bálsamo milagroso, con el objeto, claro está, de incitarme a aceptar su evidente propuesta.

Todo ese furor anal se manifestaba de diferentes maneras. Cuando cogía la bici, con aquel sillín afilado y salido, no conseguía dejar de pensar en la posibilidad de metérmelo. En alguna ocasión me estuve solazando en medio de un descampado con el roce de aquel saliente. Otras, si tenía que ir sentado en los asientos de atrás de algún coche amigo y me tocaba en medio, o encima de algo saliente, me quedaba allí como un tonto, notando cómo se me iba poniendo dura. O, a veces, cuando me venía a dar cuenta, estaba "apollado" contra una de esas columnitas con cadenas que separan la calzada de la acera, sin haberlo pensado, pero, una vez consciente de mi posición, ilusionado con la idea de provocar en algún buen entendedor un gesto de solidaridad. Nunca resultó. Lo que sí me sigue ocurriendo de vez en cuando es una cierta necesidad de mantener la elasticidad de los esfínteres. Yo no sé cómo me las apaño, pero, con lo que me gusta a mí que me den por culo, acaba pasando casi siempre que soy yo quien tiene que penetrar la gruta oscura de la mierda. Con esta falta de uso, pensando en la posibilidad cercana - la ilusión es lo último que se pierde - de recibir en mi cloaca algún visitante, de vez en cuando, mientras me ducho, me voy metiendo uno, dos, tres dedos, haciéndolos girar dentro, no sea que un día de éstos me encuentre la ocasión soñada y no esté preparado para sacarle el máximo partido.

sábado, junio 30, 2007

Contradicción aparente

Es gracioso que la ideología gay, canalizada por una "teoría queer" que niega la naturaleza y la identidad (convirtiendo a ambas en factores circunstanciales y disponibles), trabe alianza con un gobierno formado por nacionalistas identitarios y ecologistas reaccionarios. Gracioso, digo, y aleccionador. Porque demuestra que tales discursos no son más que instrumentos del caos.

jueves, junio 28, 2007

Cantad, números

En dos años, 3.340 mariconios: 4,5 por día. Si fuera cierto que -como reinvidican- los gays son un 10 por ciento de la población española, tendríamos que de 2.250.000 parejas gays potenciales, sólo un 0,1484 periódico por ciento ha querido hacer valer sus derechos. Sobre los dos millones está también la cifra de asistencia a la marcha del Orgullo.

Más allá de la lucha de clases, de sexos y de identidades, la demagogia ha logrado que la proporción de hipocresía se mantenga constante en España.

Tengamos en cuenta ahora que unos 200.000 españoles vienen casándose al año, con anterioridad e independientemente de la reforma del Código Civil. Relacionemos ambos datos:

(3.500 / 200.000) * 100 = 1,75 %

Multiplíquese el resultado por diez para corregir la desproporción de diez contra uno que, según los gays, existe entre heterosexuales y homosexuales:

1,75 * 10 = 17,5 %.

Por tanto, el matrimonio homosexual, auténtica primicia revolucionaria ampliamente apoyada en España, logra aproximadamente cinco veces menos aceptación que la formalización de parejas "tradicionales". Y ésta es una manera muy favorable de verlo, porque para nada puede compararse la situación del grupo social que siempre ha podido ejercer un derecho con la del grupo oprimido al que se le negaba. El primero tuvo toda la historia y todo el mapa terráqueo para dosificar el ejercicio de la prerrogativa, mientras que el segundo vio sus anhelos confinados al breve lapso de dos años, tiempo en el que incluso fue consciente de la posibilidad de que dicha medida fuera abolida en la próxima legislatura. Se entiende que los integrantes del colectivo gay deberían haberse dado mucha más prisa en consolidar su estatus que los amantes amparados por la sociedad patriarcal. O al menos era de esperar que se tomaran alguna molestia en aparentar que la reforma de la ley era necesaria y urgente. Pero ni siquiera.

miércoles, mayo 23, 2007

Así argumenta la bazofia

Volviendo a las relaciones homosexuales, los Sambia de Nueva Guinea han creído tradicionalmente que, para que un chico adolescente se convierta en un hombre, es absolutamente imprescindible que le haga una felación a un hombre adulto y que se trague su semen (ver La cultura norteamericana contemporánea, de Marvin Harris). Desde nuestras normas y costumbres occidentales, podemos ver esta costumbre de los Sambia como un caso de abuso infantil, pero en el contexto cultural de los Sambia no lo es en absoluto, sino que para los Sambia es simple sentido común.


(...) el matrimonio homosexual tiene una gran cantidad de precedentes históricos, con lo que el argumento de la "tradición" pierde así uno de sus principales apoyos. El reconocimiento legal del matrimonio homosexual es, en definitiva, lo más justo, razonable y civilizado.


Visto en el blog de gays, lesbianas y cosas raras de Euskal Herria.

lunes, enero 08, 2007

Primero es el orgullo

Ante algunas formas de placer, primero es el orgullo, luego la terapia, y luego la profesionalización. Hay afortunados que pueden vivir de sus placeres, aunque sea evidente el riesgo de perder el hambre. Tamarit había llegado, como máximo, al nivel de la terapia: hay adelantos, ésta es una sociedad moderna, pero en Barcelona los paidófilos aún no pueden vivir de la paidofilia. Una circunstancia tal vez injusta, porque del ser paidófilo viven niños, familias, dueños de burdeles, productores audiovisuales, fotógrafos, psiquiatras, asistentes sociales, periodistas, antipaidófilos, tantos y tantos que no habría de extrañar que la materia prima reclamase su lugar -y su rédito- en el proceso de producción. Pero la reivindicación del amor sexual por los niños está aún en fase muy preliminar: los paidófilos reclaman tenuemente sus derechos, apenas los exhiben y desde luego no pueden ni pensar en vivir de ellos. A medida que su reconocimiento social avance, psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales y toda la fuerza de choque normalizadora se irá batiendo en retirada. Empezarán entonces a abrirse oficinas, primero discretas, casi lóbregas, en defensa del paidófilo acosado. Bien habrá que poner un telefonista en ellas. El telefonista, cómo no, será un paidófilo en paro. Por cada telefonista paidófilo que cobre su sueldo de la oficina paidófila un cliente menos en la lista del psicólogo.


Arcadi Espada. Raval.

lunes, diciembre 18, 2006

"Es una cosa ridícula"




NaciónGay: ¿Tu crees que el hecho de que dentro del colectivo femenino haya mujeres machistas y dentro del gay existan homosexuales misóginos frena la lucha por llegar a ciertos derechos legales y hacia una normalización?

Miss Shangay Lili: Claro. El peor enemigo no es el hombre machista, que lo conoces y te puedes enfrentar a él. Los gays tienen que darse cuenta de cuánto le debemos al feminismo y que necesitamos aprender del feminismo, de todo lo que las mujeres han aprendido porque nosotros tenemos, ambas comunidades, el mismo problema: un rechazo a lo femenino, porque a los gays por lo que se nos margina es por no ser hombres o lo que ellos han determinado que son hombres. Los gays somos como cuasi hembras, las cuales son vistas como personas de segundo grado. El peor enemigo es el homosexual que se convierte en misógino y odia a la mujer y encima termina intentando agradar al patriarca, al gran hombre hetero homófobo y termina reproduciendo esos esquemas de ser inexpresivo, duro, machote, que es un trauma, porque al final está jugando un juego que le está determinando el poder: tú tienes que ser hombre y es una cosa ridícula porque lo hagamos como lo hagamos, el hablar de normalización de lo gay es absolutamente un absurdo. Nunca habrá una normalización de lo gay porque el poder nunca va a permitir que eso sea así. Nosotros tenemos que reivindicar nuestra diferencia y que esa diferencia sea respetada. No intentar vender como normalización el adaptarnos a los esquemas y controles del poder y hacernos pasar por hombres heterosexuales mediocres porque hemos huido de eso.

sábado, diciembre 16, 2006

Ceremoña

Pronto lo traduzco.

* * *

==Declaration Of Gay Intention to Marry at a Urinal==

Do you, gay groom who tops bottom groom, offer your cock wholly and joyfully, and do you choose ___gay groom who bottoms for top___ as the person with whom you will share your gay life, in laughter and in orgies, in conflict and tranquility, loving what you know of him, and trusting that you do not get aids?

Do you, ___gay groom who bottoms for top___, offer up your hole joyfully 24/7, and do you choose ___gay groom who tops bottom groom___ as the person with whom you will share your crabs, in laughter and in tears, in conflict and orgies, loving what you know of him, and trusting that he doesn't wind up at a beat sucking younger cock?

==Presentation of Cock Rings==

Celebrant: Will you now give and receive the cock ring's? Groom Top and Groom Bottom: We will darling.

Cock Ring Bearer brings the cock rings to (Groom Top), who offers his cock ring to Groom Bottom's unzipped fly, with trouser snake hanging out.

___Groom Bottom___, as you place the cock ring on his cock will you repeat after me: May this cock ring forever be to you the symbol of my growing love. With this cock ring, I thee wed n bed.

___Groom Top___, as you place the cock ring on his cock will you repeat after me: May this cock ring forever be to you the symbol of my growing love. With this cock ring, I thee wed n bed.

Please turn outwards now exposing your cocks and cock rings to the excited crowd.

==Pronouncement==

Before these witnesses, at this very busy beat you have joined yourselves and your cock's in solemn matrimony. May you strive like your cocks to always go that extra inch for each other in love, trust, compassion and commitment. For cock love is truly the greatest gift we are given to share. Delight in each other's cocks and never take each other for granted at a beat, or at a gay swing night.

By virtue of the authority vested in me by the State of Gay Sluts, … I now pronounce you Husband and Husband.

You may now kiss and fuck the Groom Bottom, and baby we expect a show!

Al principio parecía una buena idea (looked like a good idea at the time)

En EEUU hay un gran debate en torno al matrimonio gay, dados los esfuerzos de Bush en prohibirlo por la vía de la reforma constitucional. He aquí algunas de las opiniones favorables a la "legalización", que no pide que la sodomía deje de ser ilegal, sino que además resulte lucrativa. ¿Cómo lograrlo? Es más fácil de lo que parece:

1) Apelando al sentimiento más primario y embrutecedor que existe, la compasión:

Since gay marriage was approved in my state, I am now allowed to visit my husband when he is sick in the hospital.


2) Animando a los desertores de sus ideales a hacer historia con la subasta de los derechos:

I wasn't alive during the black or women's rights movements, but I'd like to think I would be standing up or their rights if I was. Now's a chance. You don't have to be gay to support gay marriage. Put yourself in the little guy's shoes.


3) Armando el discurso inmanentista que equipara las características innatas a las elegidas, con la consiguiente negación del libre albedrío:

Just because gay isnt a race or gender doesnt mean they can have their rights taken away.


4) Confundiendo derechos humanos con derechos sociales:

Gay marriage is a bond of love between two men or two women, but it is also hospital visitation rights, social security benefits, health insurance, retirement savings, family leave, home protection, pensions, and more. Everybody deserves these rights.


Para admitir acto seguido que se está dispuesto a echar por la borda esos derechos si no adquieren el carácter simbólico pretendido:

And no, civil unions are NOT equal to marriage. The idea of “separate but equal” just doesn’t work.


5) Descargando estiércol sobre varios milenios de cultura, filosofía y jurisprudencia:

Controversy arises from superstition, religious cults, and ignorance surrounding the nature of nature.


Para desembocar en un gran razonamiento democrático, es decir, en un no razonamiento que hace del miedo al otro la base de la justicia:

If you were gay, or if gays were the majority... I know that's hard for most of you to imagine, but just try... wouldn't you like to be able to marry?


Y de la desvinculación respecto al cuerpo social la esencia de la libertad:

Something that should be legal because as long as it doesn't intefer with your life (which it wouldn't) you shouldn't be concerned with it.


En fin:

It's a great issue now allowed in Spain. Come all queens and dikes to Spain!!

Teología de la lubricación

Según esta erudita y tierna web, el autor de la Ciudad de Dios fue, pecadillos de juventud, un mariconazo. Es falso. San Agustín habla en todo momento de amistad, y no se arrepiente de ella, aunque la asocia a su paso por el maniqueísmo y, por tanto, a un momento pecaminoso de su vida.

Cuando digo que los gays mienten más que hablan, lo digo con fundamento de causa. Un embustero contumaz es la cosa más lamentable del mundo. Y este colectivo no es la primera vez que intenta colar mentiras infames para confundir a idiotas como, sin ir más lejos, tú mismo, indignado lector. Aquí va una prueba (leído en la red):

Tenemos dos claros ejemplos de relación homosexual: la del futuro rey David con Jonatán, el hijo del rey Saúl, relatada en el libro 1Samuel (especialmente 1Sam 18, 1-4; 1Sam 20, 30.41-42 y 2Sam 1, 19-27); el amor de David y Jonatán no necesita explicación alguna, en la elegía fúnebre que canta David por Saúl y Jonatán, muertos en combate contra los filisteos, David canta:

"¡Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! ¡Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce Que el amor de las mujeres." 2Sam 1, 26

La historia del profeta Daniel y el jefe de los eunucos del palacio real de babilonia contada en el libro de Daniel (especialmente Dn 1, 9ss) puede resultar menos evidente para el lector moderno, pero para el antiguo no se le escaparía que las atenciones dispensadas por el jefe de los eunucos y alto cargo de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia a Daniel y a sus compañeros revelan un interés excepcional por Daniel.

Cuán claros sean esos ejemplos lo dejo a vuestro criterio. Pero, puestos a corregir la exégesis tradicional, y en base a lo que los gays entienden por amor, veamos cuál podría ser la interpretación de otros pasajes bíblicos:

. Donde antes se leía: "Porque tanto amó Dios al mundo, que ofreció a su Hijo único", ahora tendrá que leerse: "Porque tanto dio por culo Dios al mundo, que ofreció a su Hijo único".

. Donde podíamos leer: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo", ahora diremos: "Darás por culo a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo".

. Donde antes leíamos: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", ahora leeremos: "Daos por culo los unos a los otros como yo os he dado por culo".

Amén.

jueves, diciembre 14, 2006

La verdadera utilidad de las mujeres

Si la mujer no fue creada como ayuda del hombre para generar hijos, ¿para qué tipo de ayuda fue creada? Si fue creada para cultivar la tierra, todavía no existía trabajo que requiriese de ayuda, y si la hubiese necesitado mejor hubiera sido la ayuda de un varón. Lo mismo podría decirse del alivio, si acaso la soledad lo apesadumbraba. ¿Pues cuánto más conveniente no hubiera sido, para conversar y convivir, la reunión de dos amigos que un hombre y una mujer? Pero si convenía que convivieran uno mandando y otro obedeciendo, para que las voluntades contrarias no perturbasen la paz de los que conviven, no hubiera faltado un orden para conservarla, teniendo en cuenta que primero existió uno y luego el otro, y especialmente si el último fue creado del primero, como sucedió con la mujer. ¿Acaso alguien dirá que Dios, si así lo hubiera querido, no hubiera podido hacer de la costilla del hombre un varón y no solamente una mujer? No encuentro, en consecuencia, para qué otra clase de ayuda del varón fue hecha la mujer sino para dar a luz a los hijos.

San Agustín.

martes, diciembre 12, 2006

Hablando de maricas

Greg, el Quasimodo de la blogosfera española, pone su gran obra en venta. Dice que lo que saque lo dará a los pobres (aunque yo creo que no hay más pobre que el pobre tonto que pica). Qué final tan redentor para esta Inquisición de la Srta. Pepis.

jueves, diciembre 07, 2006

No soy un facha

Según este test, soy un conservador de centroizquierda.

El darte por el darte

Emilio Aragón pone conga, danzón y guaguanco a Bach.

Y el argumento con que se justifica tal crimen estético y semejante hijoputez al buen gusto es similar al que se ha usado con el matrimonio gay:

Abrir "la puerta de la música clásica" a otros públicos... pues... ésta "debería formar parte de la vida de todos".

Mensaje en el blog de Ciutadans

Hay otra clase de violencia más insidiosa que la grosería de arrancar una camiseta. Es la violencia contra el discurso crítico, la censura y autocensura tácitas promovidas desde la torre de vigilancia de lo políticamente correcto. No he visto -corregidme si me equivoco- que este blog se haya hecho eco del pequeño revuelo que han causado unas declaraciones de Albert Rivera sobre el matrimonio homosexual, que venían a relativizar la conveniencia de solaparlo en el Código Civil a la institución anterior. Sin embargo, en una reciente entrevista a ABC Rivera parece desdecirse.

Me gustaría puntualizar lo siguiente. Se puede estar a favor del "matrimonio homosexual" sin conceder que éste se asimile nominal y jurídicamente a una institución con los fines implícitos a la familia: engendrar ciudadanos y mantenerlos hasta que se emancipen. Se puede incluso estar a favor de que no se discrimine a los homosexuales y argumentar en contra del "matrimonio homosexual", que es discriminación positiva e ingerencia del Estado en asuntos de alcoba.

No me cabe duda de que Rivera dijo lo que dijo, y fue con mucho sentido común. Si ahora responde escuetamente y como dando por concluida la polémica -que él no creó ni a buen seguro desea continuar- es tal vez porque teme las campañas difamatorias en las que tanto destaca el colectivo gay, que ya afilaba los cuchillos ante la incertidumbre de estar tratando con "uno de los nuestros". Hay algunos que se jactan de ello en esa misma página:


A mí lo que me alegra de esta declaración es viene a confirmar que los homosexuales ya no somos aquellos marginales de antaño en el que nuestra opinión y peso social era obviado de forma ignominiosa. Ahora se tiene en cuenta y puede costarle muchos votos a un partido.

Me resulta algo humillante que discrepar públicamente con este sujeto sea en mi Comunidad Autónoma (Cataluña) una actitud antiestatutaria, al mismo nivel que las conductas antisemitas o negacionistas. No es quizá el momento de librar todas las batallas, pero achicarse en este punto por conservar la honrilla "progre", tan devaluada por Zapatero, tiene visos de claudicación.

Homofobia cero

En un artículo de la edición barcelonesa de Adn, el periodicucho ese que regalan, leo hace uas semanas algo titulado "Homofobia cero". Copio parte de su escaso pero inquietante contenido:

Se dice que la unión hace la fuerza. El Casal Lambda y el centro Unesco de Cataluña han decidido unir esfuerzos para luchar contra la homofobia. El próximo sábado 7 de octubre firmarán un convenio de colaboración para luchar contra la discriminación por orientación sexual. (...) Los principales objetivos son "trabajar conjuntamente para crear una conciencia social de igualdad y erradicación de la homofobia existente". También "queremos revisar la legislación para luchar contra la discriminación", añadió el coordinador de programas de Unescocat, Onno Seroo.


Luego, en una especie de subapartado puede leerse:

"No hay datos oficiales en relación a la homofobia, entendida como el tratamiento unitario de los delitos e infracciones administrativas con trasfondo homofóbico", afirma el presidente de Gaylespol, Víctor Argelaguet. A menudo, "muchos delitos no se denuncian por miedo a que trascienda públicamente".


Y en otra sección el mismo sujeto dice:

"Se trata de pasar de la tolerancia al respeto, lo cual no es poco. No vale decir 'está bien que seas homosexual pero manténlo en el ámbito estrictamente privado'".


En fin, mi primera pregunta es: ¿Qué es el delito de homofobia? Ya que apelar al "trasfondo homofóbico" de dichos delitos es incluir el definiendum en el definiens. ¿Se trata de un delito de opinión? ¿O es un agravante para el resto de ilícitos, como por ejemplo, el hurto o las lesiones? Si lo primero, es inconstitucional, y el cometido de "erradicar la homofobia" redunda en simple y llano fascismo. Pero si se refiere a algún tipo de agresión con supuestas motivaciones ideológicas, al modo de lo que se ha venido llamando "violencia de género", ¿por qué se plantea como un problema social de concienciación, como si hubiera un agresor en potencia -o un partidario de dichas acciones- en todo ciudadano? ¿No es un caso particular de la violencia doméstica el que afecta a homosexuales y, por cierto, uno que incrimina a los propios homosexuales que atacan a sus parejas? Barajo todo esto "ex hypothesis", porque los términos del redactado periodístico no son nada claros.

Se habla de "luchar contra la discriminación". Y digo yo que atizar a alguien por ser gay no es discriminarlo, es atentar contra su integridad física. Entonces, discriminar puede ser, según ese punto de vista abierto, definir la homosexualidad en términos patológicos o calificar al colectivo gay como inmoral, lo cual implicaría, si seguís el hilo del razonamiento inexistente, tanto como justificar que se vapulee a alguien por sus gustos eróticos. De cristiano a homófobo y de homófobo a maltratador. Hay una clara voluntad de demonizar al adversario político.

Habrá quien diga que la discriminación a la que se alude es la laboral, aunque ello no conste en ningún extremo del artículo ni, hasta donde del mismo se desprende, en el pacto que han suscrito esas dos entidades. Pero ¿a qué ese empeño cuando en el artículo 17 del Estatuto de los Trabajadores ya puede leerse lo siguiente?:

Se entenderán nulos y sin efecto los preceptos reglamentarios, las cláusulas de los convenios colectivos, los pactos individuales y las decisiones unilaterales del empresario que contengan discriminaciones desfavorables por razón de edad o cuando contengan discriminaciones favorables o adversas en el empleo, así como en materia de retribuciones, jornada y demás condiciones de trabajo por circunstancias de sexo, origen, estado civil, raza, condición social, ideas religiosas o políticas, adhesión o no a sindicatos y a sus acuerdos, vínculos de parentesco con otros trabajadores en la empresa y lengua dentro del Estado español.


La condición de gay vendría a ser un híbrido entre las circunstancias de sexo y las ideas políticas, por lo que un juez prudente deberá aplicar esta disposición por analogía con el caso.

En suma, visto esto, ¿por qué apuntan su intención de revisar las leyes e implicar a la Generalitat? ¿Cómo justificar ese prurito por mantener pura la mente del hombre medio? ¿Cómo valorarlo si no como el afán ilegítimo de dejar totalmente libre de sospecha a un mísero 3 o 4 por ciento de la sociedad a expensas de la libre expresión del resto? ¿Qué tienen que temer?

Sorprende que en pleno auge del laicismo, planteado por sus promotores como separación ideológica entre el Estado y la Iglesia, un organismo público y una cámara legislativa autonómicos tengan que involucrarse en promocionar determinada ideología que conlleva una moral sexual y que, pese a ocupar todos los medios, o precisamente por este motivo, dista mucho de estar universalmente aceptada.

miércoles, diciembre 06, 2006

¿La esclavitud del fin o el fin de la esclavitud?

La consideración del amor como enfermedad ya estaba en los griegos y Freud la recuperó a su manera. Correspondido o no, los efectos benéficos del amor erótico suelen ser inversamente proporcionales a su intensidad y duración. Por este y no por otro motivo la humanidad inventó el matrimonio, para que ambas variables (intensidad y duración) se compensasen y, haciéndose públicas, se vieran sometidas al pudor y a las restricciones que impone lo ético.

El amor es expansivo, quiere dar fruto y perpetuarse sin perder su forma inicial. Cuando no hay vínculo, el amor depende del otro, por lo que se pospone indefinidamente y nunca llega a ser pleno. Ahora bien, cuando hay vínculo, el amor depende de mí, lo cual me exige un esfuerzo y una autovaloración mayores, al extenderse el sentimiento a toda mi vida y no sólo a un incierto "hasta cuándo". Así, sin vínculo la duración multiplica la intensidad que nos asola, mientras que con vínculo la divide proporcionalmente.

No basta con disfrutar en la cópula y ver reforzados los lazos de solidaridad. La unión es metafísica y, por lo general, se entiende con exclusión de todas las demás (los celos). Don Juan no hizo precisamente muchos amigos, sino que era un solitario, un tipo antisocial y puede que también algo marica.

martes, diciembre 05, 2006

Always use condoms. ALWAYS

No piden que se sea fiel a la pareja estable, porque eso sería una injerencia en la vida y en la moral de los demás. Pero sí se sienten autorizados para recomendar cómo debe gestionarse la promiscuidad. El Estado liberal se ha desentendido de la promoción de lo socialmente útil y se conforma con la regulación de lo socialmente pernicioso. Una ética de látex.

domingo, diciembre 03, 2006

Una vez más: No a la destrucción del matrimonio

A quien incumba:

El matrimonio es la institución típica para favorecer la reproducción en sociedad. No hay otra. No posee más funciones que la esencial e irrenunciable de defender a los débiles, ya sea a la pareja que carga con hijos, frente a la que no los va a tener nunca por sí misma; ya a la mujer encinta y de baja laboral -que puede ser despedida o abandonada por su marido, frente a la lesbiana tiene un trabajo estable y sabe que no va a procrear; ya al ser palpitando dentro del vientre de su madre, frente a las entrañas vacías y los bolsillos llenos de Zerolo y su esposo.

El derecho matrimonial se reduce a la posibilidad de tener descendencia y a la voluntad -públicamente declarada- de darle una protección institucional. Pero el derecho no lo constituye ni esa posibilidad (el presupuesto fáctico de su otorgamiento) ni esa voluntad (su presupuesto jurídico), sino los beneficios sociales que conlleva una familia que, asumiendo cargas innecesarias y sin contraprestación, aporta nuevos ciudadanos al Estado y carece de la garantía de poder ser resarcida en el futuro. Reconociendo el derecho al matrimonio el Estado se protege a sí mismo, es decir, defiende su continuidad. Su normalidad.

El origen del derecho matrimonial no es el derecho sucesorio. Al contrario, es éste el que deriva de aquél. No podéis poner el carro antes que los bueyes y justificar el matrimonio en base al derecho a la sucesión. Por más que la tecnología parezca cambiar las cosas. Esa evolución tecnológica o jurídica presupone la existencia de parejas normales que procreen (adopción) o de individuos que donen (reproducción asistida). Ahora bien, y esto es un axioma: ningún derecho básico puede condicionarse a que antes un tercero ejerza otro derecho. Pues, si depende de la voluntad ajena, ya no es básico ni universal: es contingente, arbitrario.

Pero, ya que hablas de Derecho, vayamos al grano. Existe en nuestro Código Civil una serie de impedimentos para contraer matrimonio, entre ellos la consanguinidad. ¿Por qué crees que el legislador liberal lo previó sino para evitar descendencias enfermizas, por endogámicas? Entonces, ¿es válida toda unión afectiva a la hora de acogerse a ese marco institucional? ¡Claro que no! Empezando por la propia familia biológica y extendiéndose incluso a la adoptiva. ¿Y qué hay de la presunción de paternidad de los hijos nacidos dentro del matrimonio? ¿No vincula aquí tampoco la ley estas dos ideas, matrimonio y reproducción? ¿Se lo ha inventado la Iglesia, la Infame?

Diréis, acaso, que existen matrimonios estériles cuya validez se concede y persiste a pesar de que el hecho sea público y notorio. Respondo:

En nuestro sistema, por larga influencia de la doctrina francesa, se distingue entre actos anulables y actos nulos. Los primeros tienen cierta apariencia de de derecho y sólo puede instarse su nulidad por parte interesada, alegando lo que convenga. Los segundos son plenamente nulos, es decir, carecen de toda fachada de legalidad, por lo que repugnan al ordenamiento y resultan susceptibles de ser impugnados de oficio con efectos retroactivos.

De modo que un matrimonio donde uno de los cónyuges fuera impotente o estéril (conceptos prácticamente simétricos a la hora de engendrar) sería anulable si se objeta error en la persona, lo cual implicaría vicio en el consentimiento e invalidez radical de su constitución, salvo en los extremos en que perjudicase a la parte inocente, que procedió engañada y de buena fe. Es decir, cae si y sólo si se rompe su apariencia de buen derecho, que se presume "iuris tantum" para este caso excepcional, en la medida en que es curable, y se niega "iuris et de iure" -sin posibilidad de prueba en contrario- en aquellos donde dicha apariencia de viabilidad no se dé. Por ejemplo, por ser los contrayentes del mismo sexo o menores de edad para obligarse.

¿Se admite, pues, el matrimonio entre estériles? Sí, pero como excepción, guardando el viso de viabilidad, como demuestran todas las reglas en derecho canónico y otras que son de aplicación en derecho civil común. Tomar la regla como excepción es el sofisma más viejo del mundo, y el que con más alegría se ha empleado en el caso de los matrimonios homosexuales. La excepción pone límites a la regla; jamás la define. Pero es que los mariconios ni siquiera son excepcionales, ya que destruyen el presupuesto mismo de todo compromiso marital, que es la unión entre hombre y mujer.

Por dar un capricho a unos degenerados, que os lo devolverán en forma de votos, negáis derechos básicos a la sociedad y, no contentos con ello, os complacéis insultándola.

Sobre la incapacidad de amar de las mujeres

Recuerdo que Weininger decía, hablando de los judíos, que en ningún otro pueblo se dan tantos matrimonios de conveniencia, sin amor, y ofrecía eso como prueba de que "carecen de alma". Hay que especificar que para Weininger "alma" es individualidad en sentido fuerte. Pues bien, insistiré en esta tesis centrándola en el ámbito de las mujeres.

I.

Afirmo que las mujeres, por regla general, nunca aman a un hombre: aman un paradigma. Un hombre siempre ama a la mujer completamente individualizada, mientras que éstas sólo buscan "príncipes azules". ¿Acaso habéis escuchado a alguien que busque a su "princesa rosa"? Un hombre puede tener una idea preconcebida, ya que es inevitable, pero cualquiera de ellos se enamorará del ser irrepetible y no de la categoría abstracta. La mujer, por el contrario, se limita a representar a su complemento como modelo, es decir, como engendrador potencial o actual de sus hijos.

Y aún más: Para el hombre el ser amado es una gran incógnita hasta que se presenta ("La reconoceré cuando la tenga delante", suele decirse). Sin embargo, una mujer podría dibujar al hombre que desea, y de ahí su predilección en la infancia por las muñecas (paradigmas simples) y por los personajes novelescos en la adolescencia y la edad adulta (paradigmas complejos).

Subrayo que hablamos de amor y no de simple lujuria. La obsesión por el sexo, ciertamente, también se da en los hombres, pero más durante los ardores de la juventud que en etapas posteriores. Raramente permanece en los viejos. Sí, en cambio, en las viejas, que siguen ejerciendo de celestinas -observa Weininger.


II.

El movimiento feminista ha visto como una "imposición falocéntrica" las trabas que se han opuesto a la promiscuidad inercial de su sexo. Pero, ¿no será que sin esos obstáculos externos, sin esas convenciones petrificadas, la mujer es incapaz de desarrollar una moral propia?

Digo, pues, que la mujer ama al paradigma, que se enamora de algo que aprende, de un constructo cultural, que es la forma que la sociedad tiene de canalizar la líbido femenina, por lo demás desbocada. Así como la castidad masculina es un requisito para el amor y algo que el hombre se exige a sí mismo, la mujer lo aprende como ardid para seducir al "príncipe", de modo parecido a los camaleones, que se adaptan a su entorno en vistas a no ser descubiertos.

Un hombre opone su amada al resto de mujeres; una mujer opone su amado al resto de paradigmas. Dice, por ejemplo: "este hombre es feo, es derrochador, es violento, etc.". Jamás se acepta al hombre porque es el que es, sino porque es como es. Una mujer, entonces, sólo es fiel al paradigma, a lo adquirido, y tal virtud no es en ella nada connatural. Recalco que ser fiel, ser íntegro y ser veraz es lo mismo, puesto que el que traiciona miente, y el que miente se desdobla. De lo que se sigue que la mujer es naturalmente mendaz, como ya estableció Weininger.

Nuevos argumentos en favor de esta postura innatista es la gran capacidad seductora de las niñas, inexistente en los niños. Su habilidad precoz para imitar modelos de amante y amado es asombrosa, y al presentarse en edades tan tempranas, no podemos atribuirla a una malicia consciente. Se adhieren al paradigma fingiendo querer al hombre objeto de su atención; se sienten estimuladas sólo por el rol específico, no por el que lo interpreta. Nada tiene de extraño que la sexualidad femenina sea mucho más proclive a la homosexualidad que la masculina, al amarse no al sujeto propiamente dicho, sino a la función que éste lleva a cabo.

Señalar, por último, el hecho de que haya, por abrumadora mayoría, más mujeres guapas que salen o se casan con hombres feos que hombres guapos que, a su vez, sigan tal preferencia. Alguien podría contestar alegando la objeción de que eso es, precisamente, porque el paradigma de la belleza está mucho más presente en el hombre, mientras que la mujer penetra en las características únicas del individuo. Pero ello es falso y no hace más que confirmar la teoría que expongo, dado que la belleza es un factor individualizador de primer orden: Toda belleza es única, toda fealdad es común.

La homosexualidad en tiempos precristianos

Tenemos evidencias de que, pese a la tolerancia generalizada en el período de hegemonía pagana, la homosexualidad no fue vista precisamente como una virtud cívica. Las pruebas son de dos tipos, positivas y negativas.

Empezando por las negativas nos encontramos con el hecho indiscutible de que el matrimonio, institución reconocida como fundamental por esas sociedades, jamás se hizo extensible a personas del mismo sexo, ni hubo pugnas a este respecto, dándose por sentada -según la costumbre y el derecho natural- su circunscripción a las uniones entre hombre y mujer. Sin embargo, no puede hablarse de que ello se debiera a una situación de dominio por parte de las castas heterosexuales, cuando se admite que individuos con un poder absoluto como Alejandro Magno o Julio César contaban con amantes masculinos conocidos.

La sociedad grecorromana, pues, renunció a lo largo de toda su historia a dotar a las relaciones de signo homosexual de un estatus equiparable al de aquellas susceptibles de engendrar nuevos miembros, reivindicación que sólo puede entenderse en el marco de la posmodernidad y a raíz de la llamada "revolución sexual" de la segunda mitad del siglo XX.

En lo tocante a las pruebas positivas, valgan tres nada desdeñables como muestra:

En primer lugar, el filósofo Platón, a pesar de sostener la legitimidad moral del erotismo sublimado y continente (amor platónico) también entre varones, lo opone sin ningún género de dudas al amor impulsivo y carnal propio de los jovenzuelos. En la narración de su famoso diálogo "El Banquete" vemos a Alcibíades irrumpir en el simposio de sabios con los modales de un amanerado y anhelando del amor de Sócrates, platónico por supuesto, más de lo que éste le podía dar. Su actitud carnalmente apasionada contrasta con el discurso sobrio y viril del maestro, articulado a través de Diotima, que define los límites del amor y resume su concepto en el de amor al bien, entendido como multiplicación o aumento del ser:

''- Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puedo procrear en lo feo, sino sólo en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal. Pero es imposible que este proceso llegue a producirse en lo que es incompatible, e incompatible es lo feo con todo lo divino, mientras que lo bello es, en cambio, compatible. Así pues, la belleza es la moira y la ilitía del nacimiento. Por esta razón, cuando lo que tiene impulso creador se acerca a lo bello, se vuelve propicio y se derrama contento, procrea y engendra; pero cuando se acerca a lo feo, ceñudo y afligido se contrae en sí mismo, se aparta, se encoge y no engendra, sino que retiene el fruto de su fecundidad y lo soporta penosamente. De ahí, precisamente, que al que está fecundado y ya abultado le sobrevenga el fuerte arrebato por lo bello, porque libera al que lo posee de los grandes dolores del parto. Pues el amor, Sócrates, no es amor de lo bello, como tú crees.

- ¿pues qué es entonces?

- amor de la generación y procreación en lo bello.''


Ni que decir tiene que el pasaje en el que Platón pone en boca del autor de comedias Aristófanes el discurso sobre los tres tipos de andrógino, que parecen defender la pansexualidad del hombre sin mayores distinciones o jerarquías morales, no puede quedar ideológicamente por encima de la parte central del diálogo. Si hemos de juzgar las intenciones del autor valiéndonos de la filología, normal será decantarse por la argumentación de la fase concluyente del texto, protagonizada por Sócrates y Diotima, en lugar de por aquella, quizá hecha en tono jocoso, de la que se responsabiliza a alguien cuya credibilidad para Platón distaba mucho de estar afianzada (recuérdese que Aristófanes difama a Sócrates en "Las nubes" e incluso llega a asociar a los filósofos con "los mariquitas" [sic]).

No descuidamos aportar elementos biográficos de Platón en defensa de nuestra tesis. El filósofo ateniense condenó una experiencia de sodomía -supuestamente forzada- calificándola de humillante y denigrante en grado sumo. Que mantuvo su opinión hasta la vejez es algo que puede comprobarse a partir de este extracto de su última gran obra, "Las Leyes", que confirma el criterio de "El Banquete":

"... renunciando a ese trato con otros hombres, a matar intencionadamente a la especie humana, a sembrar en rocas y piedras donde nunca la semilla podrá arraigar ni tomar su propia y fecunda naturaleza".


La segunda prueba positiva procede de los historiadores romanos Suetonio y Tácito. Suetonio destacó las prácticas homosexuales, incestuosas y pedófilas en la retahíla de hechos ominosos con los que caracterizaba a los más nefastos emperadores de la dinastía Julio-Claudia. Tácito, a su vez, ridiculizó el episodio de la simulación de boda entre Nerón y su concubino travestido.

La tercera y postrera prueba la hallamos en Séneca, quien en sus "Cuestiones naturales", al tratar la naturaleza de los espejos, arremete con gran virulencia contra cierto ciudadano romano entregado, según explica, a la depravación bisexual con la ayuda de un estímulo erótico consistente en observar el reflejo de su propia imagen mientras es sometido.

Hegel: matrimonio y falso progreso

En toda transvaloración es esencial el mantenimiento de las palabras que se intenta subvertir, ya que, si junto con el concepto también cambiasen éstas, dos realidades se mantendrían en paralelo de manera conflictiva, obstaculizando el avance del nuevo paradigma. El problema surge cuando dos mutaciones inconsistentes intentan operarse a la vez bajo idéntica máscara.


Actualmente la amalgama ideológica llamada "progresismo" comprende sendos extremos que a priori se plantean como irreconciliables, a saber:

a) La opinión de que el matrimonio es una sanción ulterior que nada añade al vínculo amoroso entre dos personas, y

b) La que aboga en favor de "matrimonializarlo" todo, a fin de que determinado estado de hecho adquiera una virtud y una función que la naturaleza le niega.


Contra esta Escila y esta Caribdis del pensamiento asistemático que hoy tildamos de "avance social" se pronuncia Hegel en sus Fundamentos de la filosofía del Derecho.

A propósito del primer punto escribe:

"Cuando la conclusión del matrimonio como tal, la solemnidad por la que se hace constar y se expresa que la esencia de la unión es algo ético que se eleva por encima de lo contingente del sentimiento y de la inclinación particular, se considera como una formalidad exterior y un mero precepto civil, este acto se reduce a un fin edificante y a la legalización de las relaciones civiles e incluso a no ser más que un elemento positivo arbitrario de un precepto civil o eclesiástico. Éste no sólo sería indiferente para la naturaleza del matrimonio, sino que, en la medida en que a causa del precepto el sentimiento deposita un valor en este acto formal y lo considera como condición previa de la recíproca entrega total, profanaría la disposición interior del amor y contrariaría como algo extraño la intimidad de la unión. Esta opinión, que pretende ofrecer el concepto más alto de la libertad, la intimidad y la realización del amor, niega por el contrario lo ético del amor, la más elevada inhibición y retracción del mero instinto natural, que ya aparece de un modo natural en la vergüenza y, en la conciencia espiritual más determinada, se eleva a la castidad y el recato. Con este criterio se rechaza la determinación ética que hace que la conciencia salga de su naturalidad y subjetividad y se recoja en el pensamiento de lo sustancial. De este modo, en lugar de reservarse siempre la contingencia y el aribitrio de la inclinación sensible, la unión se desprende de este arbitrio y, comprometiéndose ante los penates, se entrega a lo sustancial. El momento sensible queda así rebajado a momento condicionado a lo verdadero y a lo ético de la relación y al reconocimiento de la unión como unión ética. Son el descaro y el entendimiento que lo apoya los que no pueden aprender la naturaleza especulativa de la relación sustancial, con la que concuerdan sin embargo tanto el sentimiento ético incorrupto como las legislaciones de los pueblos cristianos".


Con respecto al segundo, y con providencial acierto, nos habla de la disolución anárquica que supone redefinir la célula familiar para propiciar su alteración en forma de agrupaciones o "comunas"; elementos estos que, cuando sustituyen el presupuesto biológico-moral de cualquier sociedad, se convierten en espacios donde cabe todo excepto el amor.

Leamos:

"Cuando se fundamenta el matrimonio mismo no en el derecho natural sino meramente en el instinto sexual y se lo considera como un contrato arbitrario, cuando se dan para la monogamia razones exteriores, tales como la relación física del número de hombres y mujeres, o cuando sólo se aducen sentimientos oscuros para la prohibición del matrimonio entre consanguíneos, lo que está en el fondo de estas opiniones es la representación corriente de un Estado natural, y de la naturalidad del derecho, y la falta del concepto de racionalidad y libertad".


Así, lejos de conllevar una "ampliación de derechos", ciertas quijotadas legislativas conducen a una desintegración del núcleo de los mismos para pasar a ocuparse de sus elementos superfluos. Semejantemente, una prenda que se estira para que admita cuarenta tallas más resulta inservible; y un turismo en el que circulen diez personas es un peligro público.

Busque la proporción

Leí hace semanas en un foro una noticia resaltada por el siguiente título: "Otro cura pederasta". Y me pregunté: ¿Por qué no se ha titulado "Otro homosexual pederasta"? Habría sido una elección mejor, pero mucho menos asumible para los cánones publicitarios de lo bueno y lo malo, esto es, las blandas convenciones sutilmente inculcadas que designamos con el nombre de lo políticamente correcto. Me explico. Para el sujeto que decidió enfocar la noticia bajo esa perspectiva lo importante no era que a ese hombre le gusten los niños y, por tanto, las personas de su mismo sexo. Eso resultaba para él absolutamente intrascendente. Lo que contaba de veras es que el individuo en cuestión estudió teología. ¿A santo de qué se ha segregado la profesión eclesiástica del resto de roles sociales que, como el de padre y maestro, exponen tanto o más a esa clase de delitos? ¿Qué mueve a ello, si no las alianzas ideológicas, los odios africanos y el afán de encubrimiento moral del grupo que más pederastia genera y, por tanto, del más interesado en justificarla?

Supongamos, siendo realistas en el peso relativo de cada variable, que en el mundo hay 10.000 heterosexuales y 500 homosexuales (aproximadamente un 5% del total). Que, al cabo del año, se registran en los juzgados 60 casos de pederastia con sentencia condenatoria firme, la tercera parte de ellos cometidos por varones sobre varones. Así, la proporción de pederastas homosexuales es de 20/500 (0,04), mientras que la de heterosexuales es de 40/10.000 (0,004). Diez veces más alta en el primer caso. En base a esta ficción, se daría un pederasta por cada 25 homosexuales y otro por cada 250 heterosexuales. ¿Puede considerarse "libre y normal" ser gay visto esto?

La reivindicación gay frente al amor y al Derecho

“(…) se sabe que al principio aquella ardiente tendencia de los sexos entre sí fue instituida por un Creador muy sabio, no para saciar un deseo vacío, pues si se aspiraba a eso únicamente se iba a suscitar una situación muy repugnante y una confusión máxima en el género humano” (Pufendorf, De los deberes del hombre y del ciudadano según la ley natural).

“El Amor se ocupa de la reproducción, uniendo a los varones con las mujeres de modo que engendren una buena raza, y se ríen de nosotros, que cuidamos las razas caninas y equinas, y no nos ocupamos de la nuestra” (Campanella. La Ciudad del Sol).

“La pluralidad de las mujeres conduce, ¡quién lo diría!, a ese amor que la naturaleza reprueba, porque una disolución arrastra consigo otras” (Montesquieu, El Espíritu de las Leyes).

“De estos enlaces sin reflexión, o dictados por intereses mal entendidos, no pueden esperarse sino uniones desgraciadas, desaciertos continuos, frecuentes desórdenes y una generación sin vigor” (Barón d’Holbach, Del amor conyugal).

“...renunciando a ese trato con otros hombres, a matar intencionadamente a la especie humana, a sembrar en rocas y piedras donde nunca la semilla podrá arraigar ni tomar su propia y fecunda naturaleza” (Platón, Leyes).

“... y cuando quieras saber si lo que pides responde a un deseo natural o a una ciega codicia, examina si puede detenerse en algún punto: si habiendo avanzado un gran trecho, siempre le queda otro más largo, ten por seguro que tal deseo no es natural” (Séneca, Epístolas morales a Lucilio).


1. INVENCIONES JURÍDICAS Y DERECHOS HUMANOS

Ulpiano dejó escrito de manera memorable que el derecho natural es aquel que la naturaleza enseñó a los animales, a saber, el derecho a la supervivencia, del que la fe en la inmortalidad no es más que su prolongación lógica en los seres dotados de entendimiento. Ahora bien, lo que en los brutos es mero conato o instinto de conservación, en los hombres es la búsqueda de la felicidad mediante la vida virtuosa.

Determinar qué es virtuoso, independientemente de lo que la ley diga, es el objeto del derecho natural. La ley se contradice, la razón jamás, de donde deducimos la superioridad rectora de esta última. A estos efectos apunta Francisco Suárez (De legibus):

“… toda vez que este camino de salvación radica en las acciones libres y en la rectitud de las costumbres, rectitud moral que depende en gran medida de la ley como regla de la conducta humana, de ahí que el estudio de las leyes afecte a gran parte de la teología y que, al ocuparse ésta de las leyes, no haga otra cosa que contemplar a Dios mismo como legislador”.


No es necesario, pues, presuponer a Dios para conocer lo justo (los letrados paganos son un buen ejemplo), aunque él sea el único que garantiza la justicia en última instancia y el que da coherencia al sistema de lo verdadero, lo bueno y lo bello.

El viejo argumento que han usado los empíricos y defensores de la “tabula rasa” moral alega precisamente que los ordenamientos de los hombres son inconsistentes en el tiempo y en el espacio, por lo que no hay que presuponer ninguna base inalterable en ellos. A esto se contesta con el siguiente paralelismo: que, obviando las normas de jurisdicción, también se da una colisión ideal entre los jueces de un mismo país en la aplicación de leyes idénticas, dictándose sentencias dispares en casos análogos. Con todo, tal extremo no resta un ápice de validez a la norma, por lo que hay que concluir -y así lo hacen nuestros juristas- que al menos una de las resoluciones en conflicto está mal fundamentada.

La voluntad y el consenso tampoco bastan para integrar el poder constituyente. El simple deseo, que compartimos con las bestias, no es el que nos hará llegar a una sociedad justa. Urge, entonces, una definición objetiva de derecho natural, cuya fórmula abreviada propongo acto seguido:

Tenemos derecho a todo aquello que Dios, la naturaleza y la sociedad nos permitan.

En caso de darse un dilema ético entre la voluntad de Dios -la razón- y la naturaleza, Dios predomina; si se produce entre la naturaleza y la sociedad, que es naturaleza segunda, prevalece la naturaleza primera, de la que aquélla es imagen e imitación.

Para el primer caso tenemos el abismo que media entre las pasiones, que deben superarse, y las acciones, a las que hay que seguir a pesar de la naturaleza, en vistas a fines potenciales, esto es, intangibles.

Para el segundo caso está la locura de las sociedades que impugnan su propio fundamento, como las comunidades caníbales o las homosexuales. Negándose el derecho caudal del hombre (recuérdese: la supervivencia), ya sea a través de la subordinación del valor sagrado de la vida al pecado de la gula, como es práctica común entre antropófagos, ya haciendo otro tanto con el de la lujuria, a guisa de los invertidos, se niega al hombre mismo.

Esto también vale para cierta versión positiva del derecho natural, ampliamente consensuada por las naciones, cuyos preceptos rezan:

“Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia.

Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.”

Artículo 16 de la Declaración de los Derechos Humanos.

“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Artículo 2.1 de la Declaración de los Derechos Humanos


1. Interpretación literal.

Llamo la atención del lector sobre el siguiente detalle: el primer precepto no habla de restricciones por motivos de sexualidad. ¿No será, pues, que el matrimonio homosexual es contrario a los Derechos Humanos? Si tal cosa se revelase cierta, estaría permitido discriminar a los matrimonios homosexuales, ya que ello no figura como expresamente prohibido en la Carta. En efecto, “… sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión” significa, “a sensu contrario”, que pueden contemplarse otras restricciones, como la prevista por razón de sexo o de parentesco.

La lista, pues, no es abierta. La ley positiva debe ser “scripta et stricta”, sin permitir interpretaciones de manga ancha que la desnaturalicen; sobre todo en aspectos cruciales.

Además, que algo esté permitido (”todo lo que no está prohibido”) no significa que sea un derecho humano. Así, la facultad de ir a la playa o poseer coche pueden ser contrarias a ciertas disposiciones de protección del medio ambiente.

Todavía más: Si el matrimonio homosexual tuviese el rango de derecho fundamental, no sólo habría que ilegalizar a la Iglesia Católica y a todas las confesiones que lo rechazan, sino también considerar que todos los Estados que no reconocen dicho pseudomatrimonio vulneran las disposiciones básicas de convivencia que se han dado los pueblos. O lo que es lo mismo, el 99% de los que integran la comunidad internacional, incluyendo a los propulsores e ideólogos del texto.

2. Interpretación histórica y sistemática.

Por lo cual fingir en un alarde de “espiritualismo” que el legislador ignoraba la prohibición de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo es a todas luces un exceso interpretativo.

Hasta aquí hemos presupuesto que “matrimonio” significa lo que la ideología gay quiere, y ni con esas se ha logrado demostrar que algo semejante se prevea en el texto que se comenta.

Sin embargo, la realidad es muy otra a la que en un principio dimos por buena, pues por ese término el legislador entiende en todo momento el matrimonio heterosexual, el único existente entonces.

Así, si bien el artículo 2, en una lista abierta, procura por extender a diversos supuestos discriminatorios típicos todos los derechos reconocidos en la Carta, no introduce la posibilidad de crear nuevos (el “matrimonio negro” o el “salario chino”), sino que se circunscribe a lo conocido.

Si se hubiera querido proponer un matrimonio prácticamente sin límites, se habría otorgado el derecho a todos, reconociéndose expresamente las excepciones que se estimaran (de parentesco, por sentencia penal condenatoria, etc.). Pero, en lugar de eso, se permite al legislador nacional regular dichos límites con razonable holgura.

Ahora bien, dicha licencia tiene un tope. Sabemos que en algunas zonas geográficas la edad matrimonial es mucho más temprana que en la nuestra. Bajo la concepción jurídica occidental tal posibilidad colisionaría con el derecho a la infancia, esto es, el derecho a no ser explotado durante la edad previa a la pubertad.

Esta inferencia no puede extraerse del texto mismo de la Carta, por lo que se precisa una interpretación histórica. Si ésta se rechaza en el caso de los matrimonios homosexuales, ¿qué nos empuja a no hacer lo mismo con los niños?

3. Interpretación teleológica.

Añado que los infantes tienen en el ordenamiento español, por herencia romana, derecho a aceptar donaciones puras. El dato según el que idénticos sujetos no puedan contraer matrimonio nos informa de que no se estima que éste sea un derecho simple, sino una relación compleja de derechos y obligaciones, entre las que naturalmente se encuentra el mantener a los hijos. Sin embargo, no puede obligarse a nadie a hacer lo imposible, razón por la cual los homosexuales no están obligados a cuidar de los hijos que no son capaces de tener y, por consiguiente, tampoco disponen del derecho a casarse.

No tiene ningún fuste dar protección jurídica a una pareja que no espera traer hijos al mundo, ya que eso sería lesivo para los célibes, mucho más desvalidos al contar con una remuneración menos. El argumento no se aplica a los estériles, dado que su condición es accidental y no necesariamente definitiva.

El matrimonio surge como respuesta del Estado al servicio que de modo natural ofrecen a éste las parejas que engendran una progenie y sostienen sus cargas. Sin la obligación actual o futura de mantener la descendencia, el matrimonio carece de sentido.

Como se ha dicho, los homosexuales no pueden contraer esa obligación de manera autónoma, sino a lo sumo recurriendo al auxilio de la ley (adopción, inseminación, etc.). De ahí se sigue que no tienen un derecho natural al matrimonio, como pareja, pero sí un derecho civil en tanto que ciudadanos, es decir, como individuos.

El matrimonio homosexual, pues, es una ficción indeseable.

Además, en el 16.3 de la Declaración se nos dice:

“La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad”.


¿Cómo va a ser natural la familia formada por homosexuales, si por naturaleza es incapaz de engenderar y perpetuarse en el futuro? ¿Qué clase de fundamento social es el que necesita a la sociedad misma para fundamentarse mediante el reconocimiento de artificiosas prerrogativas?

Resumiendo:

1) Queda claro que el artículo 16 sólo puede referirse al matrimonio tradicional, según se deduce de su interpretación literal, histórica, sistemática y teleológica, no habiendo otras permitidas en Derecho civil.

2) No es menos patente que el artículo 2 prohíbe restringir el derecho al matrimonio heterosexual, salvo en el caso del parentesco y de la edad mínima, contemplado el derecho a la infancia.

Por si fuera poco, los textos iusnaturalistas clásicos dan una definición de la igualdad que en nada se parece a la que nos quieren vender los igualadores de hoy:

“Igualdad natural: Es la que está presente en todos los hombres únicamente en virtud de la constitución de su naturaleza. Esta igualdad es el principio y el fundamento de la libertad.

La igualdad natural o moral está, pues, fundada en la constitución de la naturaleza humana común a todos los hombres, que nacen, crecen, sobreviven y mueren de la misma manera”.

Enciclopedia, Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios.


Ahora bien, la homosexualidad no es común a todos los hombres. Ergo el matrimonio homosexual, al sustentarse en una mera preferencia erótica, ni integra la igualdad ni es un derecho natural del hombre.

Además, un conocido adalid y teórico de las libertades modernas escribe en su obra cumbre:

“Todo lo que concierne al carácter del matrimonio, su forma, la manera de contraerlo y la fecundidad que proporciona, razón por la cual todos los pueblos han creído que era objeto de una bendición particular que, sin estar siempre ligado a él, dependía de ciertas gracias superiores; todo esto es del dominio de la religión.

Las consecuencias de esta unión con relación a los bienes, a las ventajas recíprocas, todo lo que se refiere a la nueva familia, a aquella de la que procede y a la que debe nacer: todo esto concierne a las leyes civiles”.

Montesquieu. El Espíritu de las Leyes.


Cuando el Estado olvida este principio separador se extralimita en sus competencias, se torna totalitario y osa definir una institución previa al mismo Estado, no conformándose con regular sus implicaciones en el ámbito jurídico-civil. Carece, pues, de todo derecho a hacerlo. Con lo cual deviene:

a) Liberal, porque desregula, privatiza y somete a la voluntad subjetiva, desposeyéndola de causa justa, una institución tan básica como el matrimonio.

b) Totalitario, porque no respeta la división entre el hecho natural (la familia) y sus consecuencias en el derecho privado, sino que aspira a definir lo primero con la excusa de garantizar lo segundo.

2. ¿QUÉ ES, ENTONCES, EL MATRIMONIO?

I.

El matrimonio es la expresión sagrada del amor erótico y la plasmación erótica del amor místico.

Todos, hombres y mujeres, pueden amar a Dios, permitiendo su gracia y cesando en cualquier resistencia que contra ella hubieran concebido. Un amor semejante tiene inicio en la pasión y no en la acción, al contrario que el amor mundano, que se incoa en la acción y termina en la pasión.

Así, cuando amamos al Dios que nos ha amado permanecemos libres de defectos y de limitaciones absolutas. Pero nadie que sea humano, ni los santos siquiera, mantiene ese amor siempre. Se salva, entonces, el que lo conserva hasta el final.

Ahora bien, la mayoría de las mujeres son por naturaleza promiscuas y aman al paradigma en lugar de al hombre, mas el matrimonio las dignifica. Porque el matrimonio da un fin final a la mujer (la maternidad), que hasta entonces era materia prima, y un producto al hombre (el hijo), que era mera forma o potencia. Por él ama aquélla al hijo concreto, a su hijo, en el que ve encarnada la imagen o paradigma del padre. Luego, al fin, también consigue amar al padre, su marido, en la concreción de un ser, como su causa eficiente e inseparable.

Recuerdo que María, la mujer más perfecta según el cristianismo, no tuvo un verdadero marido. Por tanto, su amor hacia su hijo -reflejo de Dios y de la humanidad- fue pleno e incondicionado.

De lo que se sigue que la mujer ordinaria es incapaz de amar perdurablemente fuera del matrimonio, es decir, sin confiarse a ese sacramento. ¿Significa lo anterior que todas las mujeres de tal condición, que son la mayoría, si prescinden del compromiso firme, corren el riesgo de parecerse a las prostitutas? En efecto, aunque sean vírgenes.

Por otro lado, los hombres, que sí están facultados para amar autónomamente, son incapaces de dar fruto por ellos mismos, por lo que suelen extraviarse en fantasmagorías eróticas. Por ende, su amor carnal no es perpetuo si prescinde de esa finalidad carnal y natural, evitándola, por más que cumpla con los requisitos de reciprocidad y suficiencia.

En definitiva, habiéndose concebido el matrimonio para satisfacer los fines carnales del hombre y los espirituales de la mujer, es falso y dañino un “matrimonio” que deje al hombre sin hijos y a la mujer sin maternidad, como es el caso de las uniones homosexuales, a las que sólo la demencia puede dar crédito.

II.

“Cuando la alimentación es comunión y nuestro hijo crece ante nosotros, es cuando creemos que la tierra y la naturaleza tienen nombre de mujer”.


Así escribía el ‘progre’ Joan Barril hace ocho años (Condición de padre, 1.997). Esta mañana le he visto escarnecer las manifestaciones en favor de la familia. Supongo que hoy, ya entrados de lleno en la era de lo políticamente correcto, no tendría reparos en reeditar el libro y trocar la palabra “mujer” por “persona”, más neutral y digerible.

¿No eran los partidarios de la “ampliación de derechos” quienes decían -con razón- que el significado de una palabra debe ajustarse a su uso? Con la misma razón les digo que es el hecho el que propicia el derecho que ha de regularlo, no al revés. Cuando las parejas homosexuales estén en condiciones de dar nuevos miembros a la sociedad podrán exigir ser tratadas como el matrimonio, facultad de adopción incluida.

Hago notar, para los que gustan de razonamientos especiosos, que un estéril estará en condiciones de engendrar cuando se cure, y que nadie debe ser marginado por sufrir una disminución. Ahora bien, el caso de los matrimonios gay es completamente distinto, ya que no se trata de regular la disminución, sino de disminuir la regulación. Por eso los que nos sentimos amparados por ella no podemos permitirlo en aras de una quimera, ni dejarnos difamar por los profetas del “nuevo orden”. Se empieza así y se termina por declarar contrarias al Estado de Derecho a todas las organizaciones que no respeten “la igualdad”. Si hoy nos censuran de palabra con nuestro consentimiento, mañana será “ex lege” y sin él; pasado, quién sabe.

Sobre la “homofobia”, vocablo necio y mezquino donde los haya, respondo con un adagio de La Rouchefoucauld:

“Algunos temen ser despreciados, porque son despreciables”.


Y es que no deja de tener su gracia el que la verdadera fobia, o sea, miedo, venga a ser la que expresan los paranoicos gays mediante este término, acuñado “ad hoc” para avergonzar y marginar a todos sus adversarios ideológicos.

¿Quién debe “adaptarse a los nuevos tiempos”? ¿Sólo se dan en España? ¿Está fuera del tiempo el resto del mundo? Evidentemente no. En este caso, lo lógico y hasta “democrático” es que el lobby gay se adapte a los demás, en lugar de acogerse a falacias provincianas y a infantiles dilemas de todo o nada.

III.

El día en que los homosexuales engendren entre ellos dejarán de ser hombres y hombres o mujeres y mujeres, por lo que también abandonarán su condición de homosexuales. Pero no quiero ni imaginar la clase de criatura, sentimentalmente amorfa y psicótica, que puede derivarse de este experimento hermafroditista. Probablemente, si se llegara a dar, desembocaría en la destrucción agónica de la raza humana, pues nadie se reproducirá cuando ello deje de ser fácil, placentero y enriquecedor en lo interpersonal.

Lo que está haciendo el Estado es desregular el matrimonio, lavarse las manos. La palabra no es importante, o no en exceso. Importa que todo matrimonio, el auténtico y el bastardo, tendrá ahora un mismo fundamento viciado. ¿Acaso no protestaríamos si alguien definiese al hombre como un bípedo implume?

Personalmente estoy dispuesto a negociar definiciones, pero no a capitular sin argumentos. Tengo un límite: no admito que algo signifique una cosa y su contraria; eso es ofuscarse en la vaguedad del lenguaje. Y donde no hay un lenguaje claro tampoco existe una moral limpia.

Se nos intenta meter en la cabeza que el amor homosexual existe, sólo porque las palabras “amor” y “homosexual” existen y pueden juntarse en una sola frase. Estamos ahítos de los monólogos autoapologéticos a lo Walt Whitman (el poeta amanerado por excelencia): “yo soy yo porque me yoeo yoeándome… por retambufa”, valga la parodia.

La Iglesia blande sus objeciones desde una lógica más desprejuiciada que la del comparsa gay, a pesar de que con ello se granjea enemistades, chantajes y amenazas. En una época en la que el triunfo político se basa en la sonrisa, la demagogia, la concesión graciable y el bombardeo publicitario, eso es de agradecer y de admirar.

En cambio, con el actual esteticismo mediocre y con la ética del “laissez faire” y la armonía de pulsiones simpáticas (”buen rollo”) se está a las puertas de dar la bienvenida, o allanar el camino al menos, a un nuevo régimen fascista.

IV.

El matrimonio ha contado tradicionalmente con tres vínculos o “cadenas” que unían a los dos cónyuges, a saber:

1) El vínculo religioso, por el que se manifestaba públicamente un compromiso ante Dios y, en consecuencia, indisoluble.

2) El vínculo legal, según el cual dos personas consentían en obligarse objetivamente, contrayendo derechos y deberes recíprocos.

Con la aprobación del divorcio también se establecieron como objetivas las causas de disolución de dicho vínculo.

3) El vínculo natural, según el cual dos personas del mismo sexo que mantienen relaciones sexuales logran descendencia, quedando unidas por una potestad común.

Ahora bien, a partir de la reforma del Código Civil español esas tres cadenas sustentadoras de la familia se reducen a cero:

1) Se niega el vínculo religioso preceptivo, por lo que el matrimonio, dada su naturaleza civil, es disoluble.

2) Se subjetiviza el vínculo legal en favor de la voluntad de las partes y se suprime la causa de revocación del mismo, que ahora es libre.

3) Se anula el vínculo natural, necesario hasta la fecha (salvo en casos de esterilidad o medidas anticonceptivas), y se convierte en un hipotético vínculo legal, la adopción, voluntario para el adoptante y facultativo para la Administración que la concede.

Hoy en España el Estado da más garantías al que arrienda un inmueble que al que funda una familia.

V.

El divorcio, aunque erróneo y dañino, se asienta en cierto modo en el derecho natural: uno puede rescindir el contrato por el que se ha obligado, si se incumplen los pactos, promesas o expectativas que dieron lugar a él. La Iglesia no condesciende porque considera que el matrimonio es una institución divina por la que el hombre y la mujer obtienen algo superior a sus fuerzas: el altruismo, la fidelidad, la capacidad de renunciar a la pasión indiferenciada para fijarse un fin eterno. Éste es el sacramento por ella administrado, que exige la fe en el amor.

En definitiva, y a la vista del oportunismo en boga, los gays tienen tanto derecho a contraer matrimonio como cualquier legislador futuro a negárselo. No hay más garantías cuando uno se acoge a la anti-moral iuspositivista. Ya que el “matrimonio homosexual” no sólo contraviene la ley divina, sino que también es naturalmente aberrante, absurdo (pues, ¿en qué promesa íntegra y estable podría basarse?). Es, sin duda alguna, el siguiente paso hacia la deshumanización.

VI.

Creo que nadie se ha parado a meditar las consecuencias de la perpetuación de familias con vínculos estrictamente jurídicos.

Imaginemos una unión familiar homosexual con un hijo adoptado. El hijo, al hacerse mayor, es también homosexual y forma una nueva unión, acogiéndose igualmente al derecho a adoptar. Digamos que otro tanto se repite en la generación siguiente.

Mi pregunta es: ¿qué vínculo habrá entre abuelos y nietos, salvo el hecho de ser homosexuales? En efecto, no se dará ni vínculo sanguíneo ni vínculo jurídico relevante, por lo que esas personas bien podrán relacionarse sexualmente entre sí sin miedo a escándalo.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre estas “familias” y las orgías gays? Respondo: las ventajas económicas reconocidas por el Estado a tan constructivas conductas.

VI.

La mayor parte de la sociedad es indiferente al tema de los matrimonios homosexuales, pues no le afecta de modo directo. Son los políticos los que deberían ocuparse por lo que es común, en lugar de ceder a presiones de lobbys que ayer clamaban por el amor libre y hoy, sin renunciar a éste, fingen querer compatibilizarlo con un modelo familiar que calca al del heterosexual conservador. Es ridículo.

Sigamos con el juego de las asociaciones:

¿Qué disimilitudes hay entre dos gays casados y dos gays libertinos y sin compromiso? Ninguna, sólo la formalidad de un débil contrato, egoísta en tanto que, “ex natura rei”, sólo protege a sus contrayentes. Pero ello permitirá a muchos darse la apariencia de familia y lograr la patria potestad por un medio mucho más seguro que el de la adopción individual, ya que el juez no puede entrar en valoraciones morales si la norma las ha obviado expresamente. Ahora bien, una pareja heterosexual no necesita de semejante artimaña, dado que es capaz de engendrar por sí misma, salvo en los casos de infertilidad, involuntarios. De ahí que este “derecho” se exija sólo para los desviados, ignorando el interés del niño.

Al degradar la institución del matrimonio se degrada la familia y, en consecuencia, al hombre mismo.

El problema es la adopción por parte de las parejas gay, forzosa en caso de que quieran tener hijos, ya que de este modo se convierte la excepción en regla. El niño deja de ser la carga natural de quienes lo engendran para transformarse en un derecho positivo de los que formalizan cierto contrato. O sea, justo lo opuesto.

Esta alteración de su estatuto repercute en su libertad. Pues, si a todo derecho corresponde una obligación, al pretendido derecho de las parejas homosexuales a adoptar corresponde la obligación del niño a ser adoptado, con la renuncia a su vínculo previo, que contemplaba un padre y una madre.

Por otro lado, la carga positiva de las parejas que adoptan, a saber, la de mantener al adoptado, parte de un derecho inexistente, por lo que también se torna extremadamente débil.

Se trata, pues, de una pérdida neta y de una perversión de la finalidad de las adopciones.

Éstas sólo crean una expectativa de derecho antes de constituirse. Una vez constituida, aunque irrevocable, la adopción depende de la legislación nacional y no de los lazos naturales. Es más, el procedimiento está sujeto a que haya niños en disposición de ser adoptados. Luego no puede hablarse de un derecho natural a adoptar, tampoco para las parejas de condición heterosexual.

El reconocimiento positivo del derecho a adoptar se basa en que hay un menor en situación de desamparo y no se encuentra otro modo de darle cobertura. Ahora bien, mientras se encuentren parejas heterosexuales dispuestas a cumplir dicho cometido, no debe concederse tal derecho a las homosexuales, pues la naturaleza ha impedido de modo absoluto a éstas formar una familia.

Si el gusto diese derechos, todo sería un derecho, pues todo es susceptible de ser objeto de deseo. Se requiere, entonces, la capacidad; y es especialmente incapaz el que ha renunciado a su virtualidad reproductora en favor de entregarse a la líbido contra natura.

3. ¡EL GAY VA DESNUDO!

El lobby gay y la heterosexualidad degenerada (la homosexualidad siempre lo es) quieren que el sexo sea algo indiferente, neutro, relativo, convencional, intercambiable. Pero el sexo es algo más que echar una cana al aire. En cierto modo es la esencia del hombre, tanto del vulgar y sensual como del extraordinario y espiritual. Ambos se definen en base a su relación con el sexo, sea ésta inercial o racional, obvia o problemática. Negar esta condición constitutiva del sexo es negar al hombre y convertir la humanidad en una especie animal más. Con la diferencia de que, para colmo, se la condena a la más vergonzante y egoísta de las extinciones en el altar de la lujuria.

Los homosexuales tienen un vicio por su condición, pero no pecan si no consienten a él. Absolutamente nadie puede ignorar por tiempo indefinido las tendencias viciosas, y ningún mortal está libre de pecado. Ahora bien, ¿qué pensaríamos de un obeso que intentase elevar la gula a la categoría de privilegio civil? Una cosa es respetar a los homosexuales y otra muy distinta es asumir los postulados de los gays, rendirse a la bajeza.

Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse a él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral aislado y hedonista es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia. Se opone, entonces, al amor, del que resulta lo contrario: la voluntad de unión, de integración y de lleno, la afirmación de la vida.

Un monstruo no es tal por su carácter improbable, es decir, por la parvedad de casos de su tipo, pues, si así fuera, también serían monstruos los seres excepcionales, Jesucristo a la cabeza. Ahora bien, el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos en un mismo rostro (que rompen el eje de simetría de la visión), la bicefalia (que impide ejercer autónomamente el control sobre los miembros) o la atracción por personas del mismo sexo, destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

Primero fue el amor sin descendencia (”libre”), luego el amor sin compromiso (al que habría que llamar “libérrimo”). Ahora sólo queda el “amor” sin amor, entiéndase, la cópula libertina, esgrimiendo el mero goce escatológico del propio cuerpo en perjuicio de cualquier otra consideración. Hay heterosexuales que “aman” así, pero no están obligados a hacerlo. La institución jurídica del “matrimonio homosexual”, por contra, crea un paradigma que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico y en la indiferencia sádica.

No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad, como tampoco puede darse la amistad desde la instrumentalización sexual del otro (”Para considerar a una mujer nuestra ‘amiga’ sería preciso que nos inspirase alguna suerte de antipatía física”, dejó escrito Nietzsche). Los homosexuales degradan el amor, rebajándolo hasta el nivel de la amistad, para acto seguido arruinar la amistad, encerrándola en la mazmorra del sexo.

Y bien, el origen de la homosexualidad es en buena parte sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias. ¿Cuál es el quid del descalabro? Una sociedad débil, egoísta e individualizada daría lugar a esta clase de fenómenos de otro modo inexplicables.

Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan la frontera que el mismo Parlamento inglés se autoimpuso: “La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer”.

La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No se ataque, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atáquese al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un “derecho inalienable”, como parece al fin que lo es el concubinato homosexual. Mas adelantemos algo de teoría.

El buen Estado debe reconocer los máximos derechos, que son finitos y consustanciales, y al menos garantizar las libertades, infinitas y de carácter accidental, en tanto que éstas no frustren a los primeros. Es de notar que los derechos se complementan mutuamente (al integrar la noción de hombre), mientras que las libertades de signo contrario (que constituyen al individuo) se limitan recíprocamente. Los derechos, a su vez, constriñen las libertades adversas a su realización, pero ninguna libertad, ejecutada para el caso, puede disminuir un derecho en general reconocido.

Visto esto, pocos negarán que el trocar una libertad en derecho positivo “erga omnes” equivale a debilitar por un tiempo indeterminado todas las libertades y también todos los derechos naturales que se le oponen (verbigracia, el derecho a la familia). Aquí se une el inconveniente de que con ello no se protege nada duradero que justifique tal gravamen, quedándose la cosa en un mero refrendo “a posteriori” de la voluntad de Zutano y Mengano, privadamente respetable, si bien inútil y redundante en lo público. El individualismo institucional, además de ser una suerte de oxímoron, empobrece la dimensión del hombre.

Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra. En adición, un Estado que reconozca todas las libertades se destruirá a sí mismo, convirtiéndose en anarquía. Por último, el que sólo reconozca parte de ellas cederá una fracción de su soberanía a grupos de poder, cual oligocracia.

Las parejas estables gays, las poquísimas que hay y que habrá, no dan nada a la sociedad, luego la sociedad no les debe nada en tanto que parejas. Ello aún sin entrar a juzgar su aptitud moral, que, por supuesto, también se discute.

El amor, en efecto, es la unión perpetua (o así pretendida) de dos seres y, en el caso de hombre y mujer, unión en cuerpo y espíritu. “Que sean una sola carne”: cualquier otra definición lo desvirtúa. Así pues, el amor erótico, a diferencia del amor intelectual o místico, implica que esa perpetuidad se extienda al cuerpo mediante la descendencia. Y no puede decirse que el “amor” entre homosexuales sea místico, pues es carnal. Entonces, al carecer de fines carnales, es falso amor erótico, es mera lujuria y sometimiento a las pasiones, lo cual -si bien no basta para incapacitar o desacreditar a nadie- tampoco debe conceder derechos de más.

La sodomía no tiene ningún fin, ni próximo ni remoto, que no sea la obtención de placer, implícita de por sí en cualquier acto. Rascarse un brazo -se me contestará- tampoco cuenta con fines adicionales, y no por ello entra en la categoría de lo anormal o deforme. Pero nadie consagra una parte importante de su vida a rascarse, ni aspira a edificar algo superior a partir de este fundamento. Por ello es un abuso crear instituciones jurídicas “ad hoc” que, más allá de la protección contractual, amparen derechos inexistentes, como el que puedan tener los zurdos a trepar escaleras violetas. Máxime cuando tales prerrogativas individuales se oponen a derechos inalienables de la sociedad, por ejemplo, el de fundar una verdadera familia.

Pero advirtamos este extremo: El matrimonio civil es el sometimiento del otrora compromiso eterno a la contingencia contractual, la permuta de la fidelidad de dos por la voluntad condicional de uno y otro. Sólo hay un auténtico matrimonio: el que nace queriendo durar para siempre; sólo Dios puede refrendar pactos incondicionales, indisolubles en sí y superiores a todo albedrío una vez consumados.

Si el matrimonio civil moderno ha logrado prosperar ha sido dado su parasitarismo con respecto al católico, empezando por el nombre. A pesar de ello, ha supuesto una brecha en la noción sacramental de la familia, que ahora se concibe con los trazos pragmáticos de una sociedad en comandita. No es extraño que ya muchos vean en esa versión descafeinada y falsa de matrimonio, y por extensión también en el matrimonio católico, un “papeleo inútil”, prefiriendo a cualquier vínculo formal la ausencia completa de sujeción, el mero estado de facto, la idílica beatitud primitiva.

Viene entonces cuando, en un ataque de inconsecuencia, “el pueblo”, el atolondrado pueblo, exige que se legisle sobre las parejas de hecho porque la razón natural y la “igualdad” lo requieren. Salimos, pues, de una regulación para caer en otra. ¿Con qué fin? Protegernos de nuestra propia voluntad, aunque lo hagamos de manera artificiosa mediante la ley, que imaginamos no impuesta, sino emanada de nuestras conciencias.

El “matrimonio homosexual”, en fin, es un paso más en este montaje metafísico-jurídico, nacido para despojar al hombre de sus responsabilidades irrenunciables en favor de un Estado omniabarcante, cuyo proceder no debe cuestionarse ni siquiera en el fuero interno. Se trata en definitiva del sueño de un déspota como Napoleón (impulsor del Código Civil), perpetuado en el ideario fáustico del ateo.

Además, el placer sexual es una pasión y, por consiguiente, carece de fines propios. Los homosexuales no reinvindican el derecho al amor -eso iba a ser como reinvindicar el derecho a la alegría: una estupidez-, sino al placer. La capacidad de amar no puede regularse de forma directa, pues es de naturaleza interna. Sólo se regulan los actos externos, a saber, la consecución de una descendencia, a cuyo núcleo afectivo llamamos familia, o en su caso, la búsqueda del mero goce, a la que nos referimos como concubinato. La homosexualidad queda forzosamente reducida a este último supuesto.

El sexo es siempre promiscuo, el amor es su némesis, que le pone freno. Y el amor necesita un cauce o fin permanente para no extraviarse ni agotarse demasiado pronto. Así pues, el “amor homosexual”, aun si existiese, cosa que niego, no tendría nada que ver con el matrimonio, al no contar con fines naturales.

Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos. Se intenta dar una solución sociológica a un problema a la postre psicológico, arrastrándose a todo el cuerpo social en una caída en picado hacia la animalidad.

No podemos proseguir sin esbozar una caracterización de nuestro objeto de estudio. Las características del amor son tres:

1) Ánimo de perpetuidad

2) Intención de reciprocidad

3) Suficiencia

Cuando se cumplen las tres se da el amor en cualquiera de sus vertientes: consanguíneo, erótico o místico, de menor a mayor sublimidad.

La condición del amor consanguíneo, el más terreno, no puede perderse nunca, ya que es innato. Basta, en efecto, con que se den relaciones de parentesco lo bastante notorias como para permanecer en la conciencia del amante. No es de extrañar que sea también el afecto más común entre los hombres y el primero en manifestarse.

El amor erótico está a medio camino entre lo innato y lo gratuito, entre lo pasivo y lo activo. Su condición es la unión carnal: no admite separación definitiva y exige su símbolo de perpetuidad en la progenie. De otro modo resulta imperfecto, inacabado. Depende tanto de la propia voluntad como del azar del encuentro y del equilibrio de las potencias de los individuos en que se da.

El amor místico no se adquiere por nacimiento ni por voluntad, sino por irradiación. El deseo que lo alimenta es puramente intelectual, sale fuera de sí y se une por el vértice infinito de la fe.

Veamos ejemplos de amor bastardo:

a) Un caso donde se cumple 1 y 2 pero no 3 es, por ejemplo, el de la poligamia, en la que ninguna relación forma un vínculo completo, sino que todos los conatos de vínculo se unen en una masa acéfala.

b) Si se verifica 1 y 3 pero no 2, topamos con el fetichismo y toda clase de idolatría en la que no podemos ser correspondidos, al tratarse de una entrega unilateral, solipsista y enajenada.

c) Supuesto típico en el que se dan 2 y 3 pero no 1 es la homosexualidad, que renuncia por principio a la descendencia, el único modo de perpetuación carnal. Y si intenta solventar esto por otros medios externos (v.g., la adopción), entonces deja de cumplir 3 y sale de un fraude para caer en otro.

d) Cuando se cumple sólo 3, obviándose 1 y 2, nos hallamos ante un vicio que se autoconsume en su propia pasión, pero no pretende durar ni ser correspondido.

e) La situación por la que se cumple sólo 2, obviándose 1 y 3, retrata un mero ejemplo de seducción sin más pretensiones.

f) Por último, un caso donde se verifica sólo 1, obviándose 2 y 3, expresa el amor intelectual que el artista tiene para con sus obras, que ni espera ser correspondido ni es autosuficiente, pues toda creación exige un código y una materia donde plasmarse.

En resumen:

1) El “amor homosexual” es un acto natural (la cópula) carente de fines naturales (la reproducción).

2) Todo amor busca unir a perpetuidad (el amor entre madre e hijo, padre e hijo, etc. no busca unir a perpetuidad, porque ya nace unido por el parentesco), pero el “amor homosexual” no sólo no lo logra, sino que no puede lograrlo desde sí mismo.

3) Luego, o bien el “amor homosexual” no busca unir a perpetuidad, o bien lo busca sin fruto.

4) Si no lo busca, no es amor.

5) Ahora bien, si lo busca sabiendo que no puede lograrlo, también es engaño.

6) Ergo, se elija lo que se elija, aceptadas las premisas, el “amor homosexual” sólo impropia y arbitrariamente puede llamarse amor.

7) Y, si no se aceptan las premisas, entonces llámese amor a cualquier entretenimiento pasajero, con lo que se demostrará que, para conseguir semejante cometido, se tuvo que vaciar el concepto, tal y como se entiende de ordinario.

Ahora el único freno contra la poligamia es la “dignidad de la mujer”, que se esgrimiría como indisponible frente a aquéllas a las que no les importase compartir marido. Pero parece que a nadie le preocupa la dignidad de la familia. Es hipócrita: permitimos uniones contra natura, minoritarias en nuestra sociedad, y les negamos a los inmigrantes sus uniones tradicionales que, siendo incorrectas, al menos no carecen de fines.

Debo insistir: los gays no buscan ser naturalmente iguales que el resto de parejas, porque es imposible, ya que su condición física y espiritual se lo niega. Buscan que esas parejas sean iguales a ellos: eso sí es posible, y la ley aquí es sólo un instrumento para perpetuar esa práctica marginal. Por lo común la ley reafirma la costumbre generalmente aceptada; en España se ve que también nace para negarla y pervertirla a golpe de chantaje moral.

No deja de ser sintomático el que muchos se hayan tomado a modo de cruzada la invención de derechos, queriendo dotar de una dignidad especial a quien de por sí no la tiene. Como el que maquilla a una rana.

Sólo hacer notar que el “amor homosexual”, como el supuesto amor de los animales, carece de fines conscientes o inconscientes. Con la misma autoridad con que hoy se casan hombres con hombres y mujeres con mujeres, podrían “casarse” caballos con yeguas y hasta yeguas con novillos, amparándose la extravagancia en la libre voluntad del campesino. Ahora bien, el consentimiento sin derecho no obliga a terceros, pues es pacto entre criminales; y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

Felicito al maquiavelismo gay

Felicito al maquiavelismo gay, pues ha pasado de ser el hazmerreír de las sobremesas a encaramarse también a los púlpitos de la opinión pública española hasta monopolizar la moral de las porteras, que es la consuetudinaria. Y escribo "también" porque eso no quita que nos sigamos riendo compasivamente de ellos a escondidas. Sólo hay que ver el Aquí hay tomate (Telecinco): la pluma y el látigo.

Mi aportación al día mundial del SIDA

¿Qué define a todas las enfermedades? Yo diría que la disminución de la capacidad de obrar y de pensar, pero no parece bastante. Porque ahí tenemos al hambre, a la sed y al sueño, que no son patologías -o se nos hace muy extraño llamarlas así- y provocan estos mismos efectos.

Podría alegarse que la enfermedad no puede ser una carencia actual común al género humano, como lo son el hambre y demás, por formar parte de las funciones regulares de nuestro organismo. Ello es discutible, dado que el género no prescribe número (Adán junto a Eva comprendía toda la humanidad) y también caben las pandemias.

Una última objeción que se me ocurre es que se nos exija que la enfermedad proceda de agentes externos. Ahora bien, tal excluiría a las enfermedades genéticas, por lo que se rechaza.

Se ve, entonces, que la salud no puede fijarse en términos de regularidad o irregularidad actual. No sabemos si nuestro grupo es degenerado o no hasta que no poseamos una noción clara de lo que significa estar enfermo, por lo que no conviene asumir lo que se trata de demostrar.

Anticipo que, según creo, la salud es una probabilidad de supervivencia superior al 50%, dentro de los límites temporales de los seres finitos. Y si la vida es precondición de toda obra y pensamiento, la muerte será el fin al que se dirijan todas las enfermedades, como la experiencia nos prueba.

Bien, se puede morir de hambre. Lo cual no deja de tener sus causas, que podríamos llamar "patógenas", ya que provocan disfunciones en los órganos. ¿Qué escapatoria nos queda? Agregar algo más a nuestra definición de lo patológico. Podría quedar así:

1) Aquello que disminuye mi capacidad de obrar y pensar.

2) Aquello que no contribuye a mi supervivencia.

El hambre, la sed y el sueño sí contribuyen a que nuestras posibilidades de sobrevivir sean mucho mayores que si tuviésemos esas funciones subordinadas a nuestra mera disciplina voluntaria. Pero la gripe no, y la lepra o la mononucleosis tampoco.

Avancemos algo más. Las acciones, como es obvio, son el modo en que canalizamos todas nuestras capacidades físicas y cognitivas. Mientras que las pasiones son la manera en que las obstruimos, o mejor dicho, la manera en que la acción de otro cuerpo las obstruye en nuestro organismo. Luego, las pasiones son enfermedades, ya que cumplen el punto 1) y, salvo que incumplan el 2), esto es, no contribuir a la supervivencia, lo serán completamente y según la definición acordada.

Por ejemplo, cansarse sin ningún fin racional no sería una enfermedad siempre que de dicho ejercicio se siguiera un desarrollo de la masa muscular, que me hace en principio más apto para sobrevivir. Pero el copular, vulgo follar, ya es algo distinto. No hay forma de asimilar el sexo al deporte: quien lo practica mucho, a diferencia del atleta, no se ve robustecido, sino todo lo contrario. Es una pasión, puesto que nos agota y nos impide pensar, pero puede servir para desentumecernos de pasiones mayores. Vayamos, sin embargo, al caso concreto donde el desentumecimiento ya no tenga más sentido. Ceder al acto sexual es permitir que un cuerpo extraño tome cierto control sobre el tuyo. Se da el factor de exterioridad en la causación, aunque ya hemos visto que no era esencial para definir las enfermedades. Ahora bien, respecto a 2), es una pasión con fines que sí contribuyen a mi supervivencia, en tanto que me ayudan a crear una prole que refuerza los lazos de solidaridad en mi entorno, lo que llamamos familia.

Resultado de todo esto. Si yacéis sin fines reproductivos, estáis enfermos. No discuto aquí la conveniencia social de hacerlo o no, sino la clasificación patológica del hecho, dentro de los parámetros de apreciación establecidos en mi disertación. Así, los homosexuales serían enfermos "per se", mientras que los heterosexuales sólo eventualmente.